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Un duelo barroco

  • La mezzo Cecilia Bartoli y la violonchelista Sol Gabetta se reúnen para un disco que recorre casi un siglo de desafíos musicales barrocos para la voz y el cello

Sol Gabetta (izquierda) y Cecilia Bartoli en una foto promocional del CD. Sol Gabetta (izquierda) y Cecilia Bartoli en una foto promocional del CD.

Sol Gabetta (izquierda) y Cecilia Bartoli en una foto promocional del CD. / ester haase

En su permanente búsqueda de repertorio inédito o poco frecuentado para llevar al disco, Cecilia Bartoli se ha aliado en su último trabajo con una violonchelista argentina de larga e importante carrera europea, Sol Gabetta. Juntas se lanzan a explorar arias barrocas en las que el violonchelo tiene un papel relevante como instrumento obligado, es decir, con alguna forma de intervención solista. El Dulce duelo del título es pues justa referencia a un tipo de concepción del arte musical que nace en el siglo XVII, el de la concertación, y que, dependiendo del momento y la ocasión, puede fundarse en la cooperación o en la competencia entre varias partes musicales.

El recorrido, para el que se hacen acompañar de la Cappella Gabetta, conjunto que dirige el violinista Andrés Gabetta, hermano de la violonchelista, resulta muy original y está repleto de momentos brillantes y emotivos. Cronológicamente se arranca de la primera escuela relevante de violonchelistas, la boloñesa de finales del siglo XVII, con una pieza extraída de un oratorio casi desconocido de Domenico Gabrielli, San Sigismondo, re di Borgogna (1687). Se trata de un aria extraordinariamente sugerente (Aure voi, de' miei sospiri), con partes solistas para tiorba, violín y violonchelo, un trío instrumental que dialoga con la voz y con una orquesta a cinco partes en el estilo del concerto grosso; es una página íntima y muy expresiva, verdaderamente deliciosa.

El recorrido por un siglo de Barroco está repleto de momentos brillantes y emotivos

Aunque esté extraída de una ópera de Vivaldi (Tito Manlio, 1719), el aria Di verde ulivo participa también en cierto sentido de esta atmósfera delicada, más camerística que teatral, con su acompañamiento a base exclusivamente de violonchelo y bajo continuo, por más que la voz esté sometida al tipo de exigencias melismáticas y ornamentales típicas del arte lírico del músico veneciano. Reconocido maestro de cantantes y operista de éxito, el napolitano Nicola Porpora aporta al CD un aria nunca antes grabada (Giusto amor, tu che m'accendi), que se extrae de la serenata Gli orti esperidi (1721): se trata de una pieza de tono igualmente intimista, en la que las líneas del violonchelo y de la voz rivalizan en dulzura y elegancia.

Para cuando esta serenata se estrenó en Nápoles, las arias con instrumentos obligados habían empezado a pasar de moda en Italia, pero no en Viena. En la capital imperial trabajó el veneciano Antonio Caldara entre 1716 y la fecha de su muerte, veinte años posterior. A Caldara pertenecen los otros dos inéditos del álbum, que provienen de un manuscrito que se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria y contiene una recopilación de 54 arias extraídas de diversas óperas representadas en la corte de los Habsburgo entre 1716 y 1728. Se trata de dos piezas muy contrastadas: Fortuna e speranza es un aria de la ópera Nitocri (Viena, 1727), cuyo carácter doliente es atrapado a la perfección por la alternancia entre la voz, que se expresa en la tradición del mejor canto spianato, y el violonchelo, con una línea que abunda en cromatismos; Tanto, e con si gran piena, que sale de Gianguir, imperatore del Mogol (Viena, 1724) es en cambio una pieza jovial, llena de agilidades para la voz y con un violín y un violonchelo obligados que abundan en imitaciones. Como en el caso de Porpora, se trata de dos aportaciones de notable interés al repertorio barroco.

Bien conocida era ya en cambio la serenata pastoral Il nascimento dell'Aurora de Tomaso Albinoni (escrita en torno a 1710), que se ha conservado en una única partitura conservada en la misma biblioteca vienesa, lo que la vincula al círculo de los Habsburgo. Bartoli extrae de ella la típica aria de bravura (Aure, andate e baciate) que, en la evocación del viento, se llena de coloraturas y ornamentos de todo tipo.

De Italia a Viena para terminar en Londres, con un par de piezas de Haendel en las que el violonchelo se reencuentra con su vocación más expresiva: en Son qual stanco pellegrino de Arianna en Creta (1734), última ópera presentada por el compositor en Haymarket antes de que el teatro fuera ocupado por la Compañía de la Nobleza (Haendel volvería a él en 1737, una vez arruinados sus rivales), ofreciendo a la voz un balanceante acompañamiento en ritmo de tierna siciliana; en What Passion cannot Music raise and quell! de la Oda a Santa Cecilia (1737), subrayando de forma alterna la ternura de la línea vocal, casi enteramente silábica, y las semicorcheas agitadas de la cuerda.

El CD se cierra con una pieza puramente instrumental, un Concierto en re mayor de Boccherini publicado en Viena en 1782 en el que Sol Gabetta puede mostrar la versatilidad y riqueza de colores de su Guadagnini.

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