Música clásica

Todo en el mundo es burla

  • Dynamic publica en DVD el 'Falstaff' de Verdi en la visión que Stefano Poda presentó en Jerez, con el bajo-barítono Ruggero Raimondi en el papel estelar

Estrenada en 1871 en El Cairo, Aida pudo parecer durante un tiempo la culminación de la carrera lírica de Verdi, pero al maestro de Le Roncole le quedaban aún algunas etapas cruciales por quemar. Una nueva versión de Simon Boccanegra en 1881 y sobre todo el magistral Otello de 1883 supusieron un paso adelante en la concepción del drama musical. Superada la lección wagneriana, esta vez sí parecía que el compositor consideraba cerrada su actividad profesional en las tablas, y de repente, en 1893, a punto de convertirse en octogenario, la sorpresa de una comedia, un género que no había cultivado desde los lejanos tiempos de Un giorno di regno, medio siglo atrás. Fue Arrigo Boito, su libretista en Otello, quien lo convenció para volver sobre el mundo de Shakespeare, esta vez para tratar al personaje de Falstaff, el arrogante, ridículo, lascivo y encantador gordinflón que es burlado por las comadres de Windsor.

El viejo Verdi creó en torno a él una farsa de carácter coral absolutamente incomparable. Aunque formalmente la obra aún se divide en números cerrados, que marcan las entradas y salidas de los personajes, el fluido musical es continuo y el ritmo de la comedia está atrapado de forma maravillosa hasta esa célebre fuga final ("Tutto nel mondo è burla"), inesperado y glorioso colofón a la carrera gloriosa de un músico irrepetible.

En este original montaje que pudo verse en Jerez unos meses antes de las representaciones de Lieja que ha recogido el DVD de Dynamic, Stefano Poda empieza renunciando al principal rasgo identificador del protagonista, su descomunal panza ("Questo è il mio regno, lo ingrandirò"), para plantear una visión en la que se recurre al socorrido juego del teatro dentro del teatro: es como si una compañía de saltimbanquis representara a Shakespeare por la época de la composición de la ópera. El escenario, en el que unos pocos elementos de atrezzo pretenden dar la imagen de una sociedad preindustrial, se llena de luces cambiantes y de incesantes proyecciones, lo que unido a un singular y simbólico vestuario en tonos blancos (con pinceladas de negros) terminan por dar una sensación de juego onírico, de fantasía, que remite poéticamente al universo shakespeariano.

Musicalmente, Paolo Arrivabeni aporta la chispa y la claridad que la obra requiere. La gran figura de las funciones fue sin duda el bajo Ruggero Raimondi, quien a sus 68 años muestra un conocimiento preciso de todos los recovecos vocales del personaje protagonista y unos medios seguros, en especial en un sólido registro medio. El resto del elenco tiene la homogeneidad exigida por el tipo de escritura verdiana y la solvencia necesaria para defender sus papeles, aunque parece justo destacar a la soprano argentina Virginia Tola en su delicada concepción de Alice o al tenor rumano Tiberius Simu, un Fenton elegante, al que da adecuada réplica la joven navarra Sabina Puértolas.

Opera valona de Lieja. Stefano Poda. Paolo Arrivabeni. Dynamic (Diverdi)

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