El hijo menor de Mubarak fue pieza clave en el manejo de la crisis

  • Según la prensa egipcia, Gamal Mubarak intentó que su padre se aferrase al poder

Mal informado por su ministro del Interior, presionado por su hijo Gamal para que ignorara las manifestaciones, Hosni Mubarak permaneció sumido en una total confusión durante sus últimos días en el poder, según la prensa egipcia.

Los diarios gubernamentales y privados hablan de un violento altercado entre los dos hijos del jefe del Estado, Alaa, el mayor, y Gamal, de 47 años, que se postulaba como sucesor. El mayor reprochó al menor haber "mancillado la imagen" de su padre, quien gobernó durante casi 30 años

El 10 de febrero, antes de la histórica renuncia, "la confusión, incluso la impotencia eran grandes en el palacio presidencial" escribió el lunes el diario Al Ahram, peso pesado de la prensa pro-Mubarak. "No comprendían verdaderamente lo que estaba pasando" añade el diario, en referencia a las continuas manifestaciones.

Según los distintos diarios, la influencia de Gamal, descrito como una persona ambiciosa rodeada de hombres de negocios, fue muy visible en los discursos de su padre al país durante la crisis.

"Gamal Mubarak manejó la crisis con el ojo puesto en el poder. Sólo comprendió muy tarde que estaba fuera de juego, y por eso los discursos no correspondían a lo que la gente quería escuchar, algo que aumentó su furia", añade el diario Al Ahram.

El jueves, antes de la aparición de Mubarak en televisión, "Gamal convenció a su padre de hacer un último intento, anunciar reformas y delegar los poderes a Omar Suleimán", cuyo nombramiento como vicepresidente no convenció a la muchedumbre. "Otros sugerían un tono más conciliador y sentimental, pero Gamal no estaba de acuerdo. El discurso encendió a las masas, la tentativa fracasó, el presidente cayó", dice el diario.

La estrategia del hijo menor de Hosni Mubarak no era aceptada por todos, ni siquiera en su familia. Según Al Akhbar, medio oficial, los hijos del presidente casi se pelean tras la grabación del discurso del 10 de febrero, objeto de un "montaje" para incluir pasajes más fuertes contra los manifestantes.

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