El muro del miedo se quiebra

  • Familias completas abarrotan la plaza Tahrir en la protesta más multitudinaria.

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Hombres y mujeres de todas las edades, familias con adolescentes y niños abarrotaron ayer la plaza Tahrir de El Cairo, venciendo el miedo a represalias, para demostrar que su voluntad de derrocar al presidente Hosni Mubarak sigue viva cuando se cumplen dos semanas de protestas.

"Debemos mantener una presencia muy fuerte en la plaza", explicó Mohamed Nizar, de 36 años, temeroso de que las fuerzas pro Mubarak, organizadas según él por la Policía, vuelvan a atacar a los manifestantes si el movimiento se debilita. "La gente desconfía del Gobierno; piensan que les pueden agredir si el número de manifestantes disminuye", agregó.

El llamamiento llegó a la población, que confluyó por cientos de miles reuniendo a última hora de la tarde la mayor protesta desde el inicio del movimiento.

Muchos llevaban insignias de las redes sociales Facebook y Twitter, inestimables herramientas de movilización gracias a militantes como el ejecutivo de Google Wael Ghonim, convertido en héroe tras haber permanecido en detención, con los ojos vendados, durante 12 días a raíz de una manifestación.

"El héroe no soy yo, sino vosotros, que estáis aquí en la plaza", gritó Ghonim exaltando el ánimo de los presentes. "Debéis insistir para que se cumplan vuestras reivindicaciones", agregó, interrumpido por la multitud que gritaba: "Queremos que caiga el régimen".

Con una expresión de seriedad en el rostro, grupos de mujeres jóvenes, muchas con niños, se negaban a hablar con los periodistas extranjeros. Muchos hombres rehuían también las preguntas.

Las fuerzas de seguridad impiden la entrada a la plaza a los corresponsales desprovistos de una acreditación oficial, imposible de obtener hasta ahora dado que el servicio de prensa del Ministerio de Interior permaneció cerrado.

"Obedecemos órdenes, además debemos evitar la presencia de espías extranjeros", afirma tajante un militar armado.

La semana pasada, un ataque de partidarios de Mubarak dio lugar a una batalla campal que dejó 11 muertos y centenas de heridos, según un balance oficial.

Sin embargo para algunos el cambio está en el aire y no hay marcha atrás. "La juventud de hoy está abierta al mundo, no tiene miedo, no se somete como nuestra generación o la de nuestros padres", afirmó Amor Kalia, taxista de 57 años, acostumbrado a años de represión política y brutalidad policial. "Cuando veo a estos jóvenes, a los que les disparan y siguen avanzando, pidiendo libertad, pienso que los tiempos han cambiado, que el miedo ha terminado y que nunca más habrá dictadura", dijo esperanzado.

Pero no todos los jóvenes defienden el cambio. Samar Adel y Samah Yheia, de 15 años, acudían por primera vez a una de estas protestas, más por curiosidad que por simpatía. "Amo a Egipto, amo a Mubarak y no me gusta lo que está pasando. La gente detrás de los disturbios no son buenos egipcios. Vengo porque quiero verlos en persona, ver quién es esta gente", afirmó Samar, vestida como cualquier adolescente occidental, aunque con el cabello cuidadosamente cubierto por un pañuelo rosa.

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