Los talibanes afganos causaron en 2008 un 65% más de muertos civiles

  • El incremento de las actividades terroristas se refleja en el cambio de patrón en los atentados · Los ataques se producen ahora en zonas muy concurridas donde se busca el mayor número de víctimas

La ONU alertó del recrudecimiento del conflicto afgano, que causó el año pasado la muerte de más de 2.000 civiles, la cifra más alta desde que los talibanes fueron desalojados del poder en 2001.

La Misión de Asistencia de la ONU en Afganistán (Unama) difundió en Kabul un informe que recogió la muerte de 2.118 civiles en 2008, casi un 40% más que el año anterior, e hizo un llamamiento a todas las partes del conflicto a respetar las reglas humanitarias del derecho internacional.

Según el desglose de la ONU, un 55% de los civiles (1.160 personas) perdieron la vida en acciones atribuidas a los talibanes, mientras que el Ejército afgano y las tropas internacionales fueron responsables de la muerte de 828 personas (un 39%). El resto no se pudo achacar a ninguna de las dos partes de forma directa.

El 85% del primer grupo fueron víctimas de ataques suicidas o de la explosión de artefactos colocados por los talibanes, que en 2008 causaron la muerte de un 65% más de civiles que durante el año anterior.

La Unama alertó además del cambio de "patrón" en los ataques de la "oposición armada" -en referencia a los insurgentes-, ahora más dirigidos a "concurridas" zonas residenciales y con "aparente desprecio por el gran daño que causan a los civiles".

Pero la ONU tampoco pasó por alto las acciones militares de las fuerzas afganas y las tropas internacionales (la ISAF y la coalición que encabeza EEUU), que acabaron con la vida de 629 personas en 2007 y de 828 el año pasado.

"Los ataques aéreos (de las fuerzas extranjeras) continúan siendo responsables del mayor porcentaje (un 64%) de las muertes atribuidas a las fuerzas progubernamentales", denunció el estudio.

La ONU señaló además como otros motivos de "preocupación" las redadas nocturnas y las víctimas que se registran cuando las tropas extranjeras disparan contra civiles que se acercan a sus posiciones, temiendo que se trate de insurgentes talibanes.

Pero la Unama dijo apreciar que las fuerzas internacionales empezaran a abordar estos aspectos con "directrices tácticas refinadas" a finales de 2008. También elogió la "mayor transparencia" de la "estructura de mandos" de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), bajo mando de la OTAN, y de la coalición liderada por EEUU, ya que ahora ambas misiones militares están comandadas por una sola persona, el general estadounidense David McKiernan.

La ONU admitió que las tropas internacionales se han mostrado "más dispuestas que antes" a hacer investigaciones "regulares y transparentes" sobre la muerte de civiles en sus operaciones militares. Pero "aunque las fuerzas progubernamentales han introducido ciertos cambios en sus directrices tácticas, se debe hacer más para evitar la pérdida de vidas inocentes", reclamó la Unama.

El informe recogió además que 38 cooperantes fueron asesinados en 2008, el doble que en 2007, mientras que otros 147 fueron secuestrados, y advirtió de que, además de los feudos sureños talibanes, zonas del este y el oeste afgano presentan ya un "riesgo extremo" para los activistas humanitarios.

Así lo reflejan las estadísticas de la distribución geográfica de las muertes de civiles: 872 fallecieron en las provincias del sur, 417 en el sureste, 217 en el este y 200 en el oeste, cifras que representan la práctica mayoría de las víctimas registradas en el país.

"El conflicto armado se intensificó significativamente en 2007 y 2008, con el correspondiente aumento de víctimas civiles y la erosión del espacio humanitario", lamentó la Unama.

"Además de las fatalidades que son resultado directo de las hostilidades armadas, los civiles han sufrido heridas, pérdida de los medios de sustento, desplazamientos y destrucción", abundó.

El presidente afgano, Hamid Karzai, ha elevado durante los últimos meses el tono contra la muerte de civiles, especialmente en bombardeos aéreos lanzados por la aviación estadounidense.

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