ARCO, cuando la crisis condiciona los bolsillos

  • Los nombres históricos han prevalecido sobre las figuras que no desentrañaran una seguridad absoluta. De esta manera, la oferta de Tàpies se ha hecho desorbitada.

Ir a ARCO a estas alturas buscando entusiasmos artísticos, es no estar en la dinámica de este universo de arbitrariedades. ARCO viene sufriendo un adocenamiento manifiesto desde principios de los 90. Año tras año casi todo es lo mismo. Las variantes se encuentran en el nombre del país invitado -que no en lo que sus galerías aportan-, en la distribución de los espacios, en los cambios de pabellones, en que, como ha ocurrido este año, haya desaparecido un artista importante y los stands se llenen con sus obras -Tàpies y más Tàpies; Tàpies buenos, Tàpies pasables y Tàpies infumables por todos lados- y poco más. Casi todo transcurre por los mismos derroteros de ediciones pasadas -la galería Marlborough tenía casi en el mismo sitio sus estrellas de siempre, el Bacon incomprable por caro, el Botero supervisto, y sus sempiternos Auerbach, Kitaj, Abraham Lacalle, Manolo Valdés, Alberto Corazón, Paco Leiro, Alfonso Albacete…-, es decir, los mismos nombres de otros años, casi las mismas galerías y los parecidos argumentos, artísticos, expositivos, ambientales, sociales y la misma pasarela de famosotes buscando la gloria efímera de aparentar y salir en los medios.

Pero ARCO es ARCO y allí hay que estar porque dentro de la gran linealidad existente, la oferta es siempre expectante y, existe, no cabe la menor duda, muchos momentos de auténtica verdad creativa y desarrollos artísticos que te hacen ver por dónde camina la realidad del Arte -el del presente y el del pasado reciente- y, sobre todo, que te permite atisbar a qué nos debemos atener; también, como dice un amigo mío, para saber qué es lo que uno no debe comprar jamás.

La Feria, que comenzó como siempre el miércoles, fue inaugurado por los Príncipes de Asturias, dedicando, como es habitual, sus dos primeros días a los profesionales; por eso, allí se pudo ver a Boris Izaguirre, Pedro Almodóvar, Alaska y su divertido marido, algunos futbolistas mediáticos que lo único que conocen de Velázquez es que creen que es una calle del barrio de Salamanca, algún que otro interviniente en Sálvame y muchos otros 'profesionales' de este tipo. Si ustedes, que no son 'profesionales' ni verdaderos profesionales, fueron a la Feria el fin de semana, ya habrían visto hasta la saciedad por televisión una de las estrellas de esta edición, la pieza de Sergio Marín, un molde de la figura de Franco metido en una nevera de Coca-Cola, una de esas obras que todos los años se realizan para llamar la atención y confundir al personal. Su autor ya 'impactó' hace un par de años con otra escultura -o lo que fuese - de un católico y un judío sobre un árabe arrodillado. El ejecutor y su galerista tuvieron, entonces y ahora, una publicidad gratuita que, ni por asomo, merecía la esquiva obra. Ese es el arte que confunde e infravalora una realidad artística que merece mucho más que estos simples argumentos de un carnaval de imbéciles.

Aparte de estos registros a contracorriente, la Feria proyectó algo más de sensatez que en otras ocasiones. Hay que darse cuenta de que la crisis está encima, más que acechante. Había que dejar las veleidades y las experimentaciones para tiempos más apetecibles y buscar los valores seguros. En cada casa se mostraban los armarios repletos de lo que siempre se va a llevar; por eso la cohetería desorbitada de otros momentos, apenas ha aparecido. Los nombres históricos han prevalecido sobre los hechos y las figuras que no desentrañaran una seguridad absoluta. De esta manera, la oferta de Tàpies se ha hecho desorbitada. La pela es la pela, nunca mejor dicho con don Antoni recién desaparecido. Lo demás, en los parámetros de siempre, o de casi siempre.

La nómina de galerías se ha mantenido en los números de las últimas ediciones. Carlos Urroz, segundo año al frente de la Feria, no ha hecho demasiado para que el sistema selectivo cambiara su arbitrario desenlace. Las grandes -algunas, aun anunciando su cierre- se mantienen en su sitio de privilegio. Muy pocas nuevas y éstas con escasa proyección. Los Países Bajos, han sido los invitados de este año; países que no destacan por sus aportaciones novedosas que te impacten y te hagan conocer un arte con aplastante personalidad.

La presencia de galerías andaluzas no ha respondido nada más que a lo que es su realidad más aplastante. Las sevillanas Rafael Ortiz y Alarcón-Criado y las malagueñas Alfredo Viñas y Javier Marín, lo poco -salvo muy honrosas excepciones- que existe. Las esculturas, auténticas joyas de orfebrería, de Guillermo Pérez Villalta, piezas de culto auténtico; muy buena la obra entre escultura y pintura de Daniel Verbis; los magníficos Equipo 57, así como las pequeñas piezas de Patricio Cabrera; extraordinario los Tovar con la fortaleza plástica contenida que desentraña su pintura; todo en Rafael Ortiz. Hay que destacar por su importancia, lo expuesto por Julio Criado y Carolina Alarcón, aparte de los magníficos Yeregui, con sus fórmulas sugestivas de interacción entre el paisaje natural y la arquitectura las fotografías del granadino José Guerrero, una de cuyas obras ha sido adquirida nada más y nada menos que por la Colección Coca-Cola y por la DKV, mostrando, bien a las claras, la importancia de este joven artista. Muy interesante también las piezas de Martín Freire y de Alejandra Lavida, sobre los suburbios de México. En el mismo sentido, de importante arte contemporáneo, lo presentado por Javier Marín. Con piezas de suprema importancia de Federico Guzmán -su botijo vidriado es una magnífica pieza de coleccionista-, Carlos Schwartz, Jopsé Medina Galeote e Iván Pérez. Extraordinarios los Mp y el especialísimo espíritu jocoso de Javier Calleja en Alfredo Viñas.

Sí se hace mucho más patente la nómina de artistas de Andalucía presentes en otros stands. Miguel Ángel Tornero (Juan Silió). Miki Leal y Jacobo Castellano (Fúcares), Santi Ydáñez ( Raquel Ponce), Pilar Albarracín (Filomena Soares), Chema Cobo ( Álvaro Alcázar y Miguel Marcos ), Juan Francisco Casas ( El Museo de Bogota), Juan Carlos Bracho (Oliva Arauna).

Puestos a destacar por su aplastante significación, nadie dudaría de Cristinas Iglesias ( Elba Benítez), Sean Scully ( Carles Taché), Alez Katz ( Toni Tàpies), Max Naumann ( Levy), Paulo Rego, José Guerrero ( Marlborough), Jordi Teixidor ( Nives Fernández), Erwin Olaf (Espacio Mínimo), Fernando Sánchez Castillo (Juana de Aizpuru), Palauzuelo (Guillermo de Osma)… y un largo etcétera.

ARCO es una feria para no perderse, pero todo no estaba en los pabellones de Ifema. En otra propuesta informativa les escribiré de la importante feria ARTMADRID, tan importante como lo que había en el Campo de las Naciones y con menos cobertura informativa. Las modas son las modas.

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