Diario de las artes

Abiertas coordenadas estéticas

BUEN ramillete de artistas el que conforma esta exposición colectiva que continúa la tercera época de la galería de Milagros Delicado. Una muestra que conjuga veteranía y juventud en el tiempo cronológico y que, sin embargo, rezuma Modernidad en el conjunto de unos artistas que responden a un amplísimo ideario estético donde, cada uno con su planteamiento, posibilita un catálogo de pintura de muy variada naturaleza y carácter artístico.

La firmeza pictórica de María Acuyo le ha valido un reconocimiento unánime y ya ha pisado con mucha solvencia espacios expositivos de gran trascendencia. Ella es continuadora de mucho de lo bueno que ha desentrañado la creación artística granadina de los últimos tiempos. Estamos ante una artista con un lenguaje muy personal, con una estructuración pictórica muy bien planteada, llena de pulcritud y que deja entrever los exactos registros y que, a su vez, manifiesta unos esquemas donde lo orgánico está muy presente, inmerso en una bella amalgama plástica que atempera la presentida y tenue figuración, mientras se potencia el carácter pictórico.

Yeyo Argüez, pese a su juventud, ha demostrado una amplia capacidad artística, siendo portador de un lenguaje conseguido a base de seguridad y saber lo que se quiere. Por eso, lo hemos visto quemando, ya, sucesivas etapas, siempre con un sello muy especial donde se manifiesta un compacto credo, con la pintura generando desarrollos que se adecuan a la realidad de cada momento. Es este artista linense un joven creador que ha dejado su etapa de autor con futuro para convertirse en auténtica realidad y creador a tener muy en cuenta. Su obra está llena de sentido artístico, de autenticidad. Es uno de los últimos grandes descubrimientos de gran Manolo Alés y él nunca se equivocó.

Otro de los artistas granadinos que siempre se ha de tener en cuenta por su seriedad, su compromiso y sus infinitas posibilidades estéticas, es Andrés Monteagudo, un autor completo que sabe tocas todas las manifestaciones artísticas con sabio desarrollo. Tanto en su escultura, como en su obra bidimensional, como en sus propuestas espaciales, nos ofrece un entusiasta juego de intenciones conceptuales, muy bien adecuadas a una plástica perfectamente materializada. La obra de Monteagudo desentraña una estética que se acerca a lo minimalista, pero encerrando resultados con una mayor entidad significativa que los simples y fríos postulados de aquella tendencia artística. Tenemos la oportunidad de contactar con una obra donde continente y contenido no presentan fisura alguna y mantiene el sabio hilo conductor de una obra que no deja indiferente.

A Juan Ángel González de la Calle no se le descubre cuando refiere los ajustados esquemas de una pintura total, concebida como un escenario visual donde tienen cabida las más imprevisibles circunstancias. Su potencial pictórico le abre las puertas para una pintura de ilustraciones conceptuales donde todo tiene cabida, manifestándose registros felices representativos que dan pie para una realidad cuestionada y con infinitos matices. Su figuración crea expectativas máximas porque todo puede ocurrir en un contexto visual con múltiples lecturas para crear guiños de suma complicidad.

Magdalena Murciano es, también, una artista completa que transita por una pintura llena de contundencia formal y de abiertos planteamientos artísticos; una pintura que asume la extrema condición del abstracto, potenciando los gestos que la materia plástica patrocina. Su obra manifiesta toda la fuerza de la pintura en su desenlace semiautomático, ese que deja que los pigmentos desarrollen marcas arbitrarias en un entramado que la artista predispone para abarcar más espacio creativo. Se trata de una pintura distinta, de acción, atractiva, contenida y facilitando imprevisibles encuentros de absoluta emoción. Exposición importante donde se funden coordenadas creativas diferentes a la búsqueda de los infinitos registros que proporciona el arte verdadero.

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