Acordes de una música cautiva

Alberto Iglesias Quartet Records. 72 min. 15 euros

La piel que habito es la más arriesgada, compleja, y gloriosamente desconcertante de las películas de Almodóvar, una cinta ensimismada en su hermoso laberinto de formas depuradas y referencias cinéfilas que se lanza al abismo de su atrevimiento sin los habituales paracaídas para sensibilidades que gustan de volar por el cine con cinturón de seguridad.

El sostenimiento del universo pasional extremo de Almodóvar no podría entenderse sin la música de Alberto Iglesias, que acude aquí a un viejo tema compuesto para el ballet Cautiva como motivo central y recurrente de ese desgarro que atraviesa la película en sus diferentes estratos narrativos. Su violín obsesivo y furioso siempre en fuga, los ostinati de la sección de cuerda que lo contrapuntean, el grito lírico que lo libera finalmente, ponen voz y dan forma al turbulento territorio emocional de la película. Iglesias sigue coqueteando también con su filiación herrmanniana y sus colores y ritmos almodovarianos (la trompeta, el bolero) para dar paso a una vertiente hasta ahora desconocida en su música: en cortes como En el calor de la noche y, muy especialmente, en El asalto del hombre tigre, se somete a un auténtico tour de force para empastar dos de las secuencias más arriesgadas del filme con una portentosa alianza entre los micro-ritmos y las texturas electrónicas y las diferentes secciones de la orquesta compitiendo en una trepidante carrera sonora.

En el obligado apartado de canciones, Buika presta su peculiar grano de voz quebrado a Por el amor de amar y Se me hizo fácil.

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