Adiós a Johnny Hallyday, el ídolo que llevó el rock al país de la 'chanson'

  • Fallece en París a los 74 años el cantante que imantó a generaciones de franceses desde su lejana irrupción en la Francia de De Gaulle

Johnny Halliday, durante un concierto en Bruselas en octubre de 2006. Johnny Halliday, durante un concierto en Bruselas en octubre de 2006.

Johnny Halliday, durante un concierto en Bruselas en octubre de 2006. / eric bomal / efe

Intérprete de canciones que forman parte del patrimonio popular de Francia, figura mediática, estrella musical y del espectáculo, Johnny Hallyday, el hombre que importó el rock al país de la chanson, falleció ayer a los 74 años de edad víctima del cáncer de pulmón que padecía. Ningún rincón del país permaneció ajeno a la pérdida de un monumento nacional, desde el palacio del Elíseo -donde el presidente, Emmanuel Macron, fue alertado a las dos de la madrugada de la noticia- hasta el más humilde hogar del hexágono, donde cada ciudadano tarareaba algún tema que hizo grande su voz poderosa.

Fue su cuarta esposa Laeticia, 32 años menor que él, la mujer con quien pasó los últimos años de su vida, incluido el calvario de su cáncer, quien hizo pública la noticia en un comunicado. "Hasta el último instante plantó cara a esta enfermedad que le corroía desde hace meses, dándonos una lección de vida extraordinaria", escribió la viuda, admirada por una vida entregada "a la escena, a su público, a quienes le adulan y le aman". "A través de las generaciones, se incrustó en la vida de los franceses", reaccionó enseguida Macron, el primero en abrir la catarata de reacciones desde el mundo del espectáculo, la cultura y la música. Pero no sólo: las televisiones interrumpieron ayer sus programaciones para repasar su vida, al igual que las radios repetían sus éxitos e internet y las redes sociales se llenaban de homenajes.

El Gobierno galo prepara junto a la familia de la estrella un homenaje nacionalEn Londres descubrió los discos de Elvis Presley y las maneras de James Dean

La localidad de Marnes-la-Coquette, en la periferia oeste de París, donde Hallyday pasó sus últimas horas, se fue llenando de incondicionales ávidos de rendir un último homenaje a su ídolo, mientras las autoridades francesas prepara un gran homenaje nacional en colaboración con la familia de la estrella. Un cantante que en los años 60, en la Francia del general De Gaulle y las canciones a ritmo de acordeón, elevó a las alturas la guitarra eléctrica y los ademanes de su idolatrado Elvis Presley.

Su música, su forma de vestir, su rebeldía juvenil, sacudió a varias generaciones no sólo de Francia sino de todos los países francófonos con su potente voz, que con el paso de los años fue incorporando nuevos registros, desde el blues hasta las baladas de la canción ligera. Durante casi seis décadas en la cresta de la ola, cada nuevo disco era un evento, hasta superar los 100 millones de copias vendidas; y cada concierto, la garantía de un llenazo por muy grande que fuera el aforo, hasta superar los 30 millones de espectadores. Francia adoraba a Johnny, que supo mantenerse actual, adaptarse al paso de los años hasta sumar cuatro generaciones de adeptos, grabar más de mil canciones y coleccionar todos los premios posibles.

Nacido en París el 15 de junio de 1943, Jean-Philippe Smet, su verdadero nombre, fue abandonado por su padre, actor belga. Su madre, empleada de una quesería de París, no pudo encargarse de él en su infancia, por lo que creció en el hogar de una prima suya y de su pareja, el bailarín estadounidense Lee Halliday, a quien siempre consideró su padre. Junto a ellos vivió en Londres, donde cayó rendido ante la estética de James Dean, el twist, los discos de Elvis y otros tantos iconos de Estados Unidos que él convirtió para siempre en sus señas de identidad.

Su popularidad no se resintió por su compromiso político con la derecha -apoyó a los presidentes conservadores Valéry Giscard d'Estaing y Nicolas Sarkozy y fue muy cercano a Jacques Chirac- ni por sus continuos conflictos con el fisco, que le llevaron a fijar su residencia primero en Suiza y más tarde en Estados Unidos para pagar menos impuestos. En los últimos años de su vida el país admiró también su combate contra el cáncer, que afrontó subido a los escenarios, sobre los que se mantuvo hasta el pasado verano.

El papel couché se hizo eco de su matrimonio con Sylvie Vartan -de la que nació su hijo David-, con Élisabeth Étienne, de su romance con Nathalie Baye -con quien concibió a Laura-, de sus dos bodas con Adeline Blondieau y de la definitiva con Laeticia, junto a quien adoptó a Jade y Joy, dos huérfanas vietnamitas.

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