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Alejandro Morilla sale a hombros en la última corrida del abono

  • La corrida de Gavira fue desechada por la mañana en el reconocimiento y un encierro de María del Carmen Camacho salvó el festejo en el último minuto

Ganadería. Seis toros de Camacho sustitutos de los anunciados de Gavira, desechados en el reconocimiento. Todos cinqueños a excepción del sexto, fue un encierro con volumen y caras desiguales, pero blandos y mansos. Ofrecieron juego deslucido y descastado . Únicamente destacó el primero, noble pero sin fuerzas. TOREROS: Alejandro Morilla, de menta y oro, estocada (OREJA) y estocada (OREJA). Salió a hombros. Alejandro Talavante, de malva y oro, pinchazo, otro hondo y estocada corta (ALGUNOS PITOS) y pinchazo, media caída y descabello (OREJA). Antonio Caro Gil, de grana y oro, perpendicular delantera (OVACIÓN Y SALUDOS) y estocada caída (PITOS). Incidencias. Un tercio largo de entrada en tarde de poniente fresco. Mal la Presidencia.

Alejandro Morilla fue claro triunfador, en la inesperada corrida de Camacho, encierro que nos vino de sorpresa, con muchos ingredientes para la polémica, en un festejo accidentado de corrales.

La cosa comenzó mal desde el principio, desde que se desembarcó la corrida. Y es que la anunciada corrida de Gavira se desenjauló, para el primer reconocimiento, a las once de la mañana del mismo domingo. El reglamento prescribe que se han de traer los toros a la plaza con veinticuatro horas de antelación, pero la autoridad autorizó traer los toros a las once del mismo día: ocho horas antes de la corrida.

Ahí se cometió el primer petardo: la excusa era que en los corrales estaban los cuatro toros de los recortadores del festejo de la víspera. No hay quien se lo crea en una plaza capaz de lidiar a la vez dos corridas de toros, con chiqueros de sobra.

A las once la presidenta -pobrecita mía este año le están tocando todos los marrones- desembarca, reconoce y de los nueve toros, siete rechazados. Se aprueban dos, los mismos que los ganaderos se llevan otra vez al campo. Y al mediodía, todo el mundo al campo a buscar toros.

A esto salta la polémica, porque hay quien vio el reconocimiento que nos dice que había seis toros para El Puerto entre los de Gavira, pero la Presidencia los echó para atrás, puede que espantada de los dos becerrones que aprobó la última vez. Lo comprobaremos cuando veamos, si es que las vemos alguna vez, actas e informes veterinarios, porque ayer tampoco estaban en las puertas, como manda el reglamento. ¿Con lo que se ha aprobado aquí este año, tan mala era la de Gavira?

A buscar toros, que se acerca la hora de la corrida. Menos mal que estaba Camacho de guardia. A Camacho hay que ponerle una placa en la Plaza Real. ¡Cuántos arreglos le hizo esta ganadería a Barrilaro a última hora! Alguno le hizo también a Justo Ojeda. Ahora el apaño se lo hace a Serolo. Camacho ha salvado más tardes en El Puerto que ferias el Bombero Torero.

Traen una corrida cinqueña de Camacho y abren las puertas de la plaza mientras se desembarca, reconoce y sortea. Lo que se dice un petardo en toda regla. Al final pasan corridas como la de Juan Pedro o Barral, aquí ni se precinta un pitón y ayer, en una corrida de modestos, nos ponemos serios. ¡Ya era hora!

La pena es que toda esta información le quita sitio al héroe de la tarde, que se llama Alejandro Morilla. El joven torero de El Puerto entendió a la perfección a su primero, dibujando una faena con argumento y solvencia torera. Y digo argumento porque vio claras las posibilidades del toro, noble pero sin fuerzas y resolvió con planteamiento, nudo y desenlace.

Cites de largo iniciales para dejar ver la condición del toro, rematando muy bien con la mano derecha. El nudo central de la faena, al son de la música, con una serie en redondo muy metido en el toro y dos limpias series al natural, que remata liándose la muleta. Como desenlace, en faena medida por la fuerza del toro, los circulares invertidos vaciados por alto y un torero colofón de trazos al natural con los pies juntos. La estocada fue firma redonda de una labor de una oreja a ley en la plaza de El Puerto.

Pero es que además, con el cuarto, que dejó sin picar, estuvo muy por encima del toro, endeble y de feo estilo en la pelea. No fue fácil el toro, pero el torero de El Puerto, muy crecido, puso toda la carne en el asador, porfiando e insistiendo en una larga faena, atacando con ganas al toro, sin desperdiciar la mínima oportunidad, hasta que convenció la público y culminó su trabajo con una estocada. Otra oreja, muy peleada, dando todo lo que tenía Alejandro Morilla, un torero que no merece, ni de lejos, a la vista de lo que hace en el ruedo, estar en su casa sin actuaciones.

Alejandro Talavante tuvo un primer toro , protestado por inválido y aquerenciado, un animal cuya sosería en la muleta no propicio más que un trasteo tan largo como insulso del extremeño, que dividió al público hasta oírse algunos pitos tras el arrastre.

Otras ganas mostró ante su segundo, en una faena borrosa de muchos enganchones con un toro manso y distraído que buscaba los tableros. Fue de menos a más y consiguió brillar al natural y en las expuestas bernadinas finales, poniendo al público en pie para una oreja cortita para lo que es esta plaza.

El público estuvo con Antonio Caro Gil en su primero, brillando con calidad en el manejo del capote ante un toro , manso y rajado que fue pitado. Destemplado el torero jerezano tras un desarme con el capote en su segundo, no lo quiso ver , abreviando con el enfado del público, que esperaba mucho de uno de sus toreros predilectos.

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