Crítica de Cine cine

Animalismo para todos

Seguimos con los documentales de formato pseudotelevisivo, leve tono de denuncia y cierto buenismo en su defensa didáctica de causas nobles, aquí la del maltrato animal en una amplia acepción del término que va del abandono de mascotas a, sobre todo, su explotación masiva y aberrante en la industria alimenticia.

Auspiciado por la Fundación para Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales, Empatía adopta un formato de diario filmado en el que su director, Ed Antoja, relata en primera persona su propia experiencia de investigación y transformación de ciudadano "normal" y escéptico a ciudadano comprometido, decidido a no comer más carne ni pescado ni consumir o vestir productos derivados del sufrimiento animal.

En su periplo entrevista a expertos, biólogos, profesores y activistas, y muestra gráficos y estadísticas inapelables encontrando siempre una misma respuesta coral: hay que eliminar los actuales procesos industriales de explotación animal para el consumo humano (por el bien del ecosistema) y erradicar viejas (y por lo visto falsas) creencias sobre el carácter "natural" del "carnismo" y sus aportes a una vida sana y una dieta equilibrada.

Empatizarcon los animales (en general) plantea no pocas cuestiones de índole filosófica de las que aquí tan oímos la versión más políticamente correcta, en aras de un cierto neopuritanismo que sutilmente busca tocar las conciencias y condenar los actos ajenos sobre la base de una gran verdad ecológica que podría multiplicarse ad infinitum en su utopía de armonía natural entre el hombre y el medio ambiente.

Así las cosas, en su acabado pulcro, vistoso y ameno y con sus medias verdades, este documental omite otro debate importante y la que, a mi juicio, tal vez sea la premisa ontológica básica del funcionamiento del planeta: aquella que sitúa al hombre en su epicentro evolutivo y, por tanto, no puede entender nada sino a través de sus valores morales, su supervivencia (depredadora) y su posición dominante. Pensar que animales y hombres son una misma cosa o que también lo son una vaca lechera y un gato no deja de ser otro síntoma más de la infantilización de esta época.

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