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Aprovechamientos pastoriles entre los reinos de Sevilla y Granada desde el siglo XIII al XV

En la Frontera entre Andalucía y el Reino de Granada se dieron una serie de condicionantes perfectos para que la ganadería se convirtiera en una de las principales actividades económicas de la zona: Por un lado la existencia de una zona de contacto entre las dos entidades políticas que se crea en el siglo XIII, y permanece sin apenas modificaciones hasta finales del siglo XV, con una zona de contacto serrana con escasa potencialidad agrícola y con otra más al interior, La Campiña, con tierras de gran fertilidad y con poca población, por lo que su posibilidad agrícola no se desarrolló totalmente, permitiendo que la ganadería se aprovechara de la rica vegetación espontánea existente.

El cambio de signo poblacional, su tendencia a la concentración, las transformaciones en el paisaje, producto de las circunstancias políticas del momento, unido a la 1aplicación de los sistemas jurídicos de organización territorial que existían en Castilla, nos permiten afirmar que nos encontramos ante una realidad completamente distinta, en la que la principal beneficiada fue la actividad ganadera, creándose una serie de instituciones y condicionantes que facilitaron la movilidad de los hatos e incentivaron su desarrollo. Así, el sistema de 'Comunidad de Villa y Tierra' o la aparición de 'Hermandades de Pastos' permitieron a los hatos ir a herbajar fuera de sus villas de origen sin tener que pagar ningún tipo de canon. Del mismo modo, surgieron Mestas Concejiles, organizaciones de carácter local preocupadas de proteger y controlar esta riqueza pecuaria. Es interesante destacar cómo buena parte de los concejos en que se crearon Mestas Concejiles están relacionados con la frontera granadina, o la Campiña (en el reino de Sevilla conocemos las de Carmona, Jerez de la Frontera, Estepa, Sevilla, Écija, Niebla, Medina Sidonia, y Vejer de la Frontera), una muestra más de la importancia de esta región desde el punto de vista ganadero.

Podemos constatar igualmente cómo desde épocas muy tempranas y con bastante frecuencia, tanto los ganados granadinos como los andaluces atravesaban la frontera para aprovecharse de los pastizales contrarios, arrendándose los pastos de las localidades vecinas. En este sentido es interesante destacar el arrendamiento de pastos por ganaderos de Zahara, Jerez, Arcos, Alcalá de los Gazules y Medina Sidonia en Cortes y de Gibraltar en Casares, Así como los acuerdos de vecindad que estableció Jerez de la Frontera, que permitían utilizar sus pastos a sus vecinos de la Serranía de Ronda.

El siglo XV supuso un importante cambio en esta realidad debido al avance de la frontera con respecto a Granada, y de hecho, tras la conquista del reino nazarita la inestabilidad y el miedo se disiparon, por lo que se produjo un importante crecimiento poblacional estimulado por la potencialidad agrícola de buena parte de la zona fronteriza, la Campiña, convirtiéndose especialmente esta comarca en un importante foco de atracción de nuevos pobladores, con las consiguientes roturaciones y la creación de nuevas poblaciones, como Villamartín, Paradas, Campillos, Puebla de Cazalla, etc. Sin embargo, las roturaciones subsiguientes de parte de los baldíos perjudicó notablemente a la boyante ganadería de la zona, ya que suponía una importante reducción de las tierras de monte de las que ésta se aprovechaba, provocando grandes desequilibrios en el desarrollo de ambas actividades económicas, y bastantes perjuicios a la ganadera, que vio como muchas zonas de pastos desaparecían en beneficio de la agricultura.

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