Crítica de Cine cine

Un Arturo de botellón: de Camelot a Magaluf

Jude Law, en la película. Jude Law, en la película.

Jude Law, en la película. / d. s.

Guy Ritchie es uno de tantos casos de sobrevaloración que desde siempre han afectado al cine. En los ya lejanos 1995 y 1998 llamó la atención de los posmodernos con los ejercicios anglo-pos-tarantinianos Lock & Stock y Snatch: cerdos y diamantes. Envalentonado, rodó con Madonna el churro de Barridos por la marea y ya no volvió a levantar cabeza hasta que su versión oxidada y retrofuturista de Sherlock Holmes en las dos entregas interpretadas por Robert Downey Jr. y Jude Law cuyo éxito excedió sus méritos. A la mayoría de quienes nos consideramos irregulares de Baker Street (y que, como en mi caso, incluso somos socios del Círculo Holmes) no nos gustaron. Y después, sí, por fin, rodó su mejor película: Operación UNCLE, la broma construida a partir de la desenfadada serie televisiva Elagente de CIPOL.

Está visto que este caballero no da para mucho más que para bromas y parodias. Por eso se ha equivocado, ha vuelto a equivocarse, al meterse en la harina artúrica para hacer un mamarracho que mal cose estilos, maneras, trucos y estéticas del peor cine épico-histórico de las últimas dos décadas, desde las cada vez peores actualizaciones de Scott (Gladiator, El reino de los cielos, Robin Hood, Exodus) hasta 3oo y otras musculaciones. Esta versión macarra, hortera o hooligan que presenta a Arturo y los suyos como una pandilla inglesa de veraneo de borrachera en Magaluf abusa de unos efectos especiales que aportan ruido visual pero nunca creatividad o espectacularidad, juega a la trasgresión desinhibida o provocativa cuando en realidad se somete dócilmente a las más vulgares convenciones vigentes apostando además por una estética de videoclip cutre de éxito latino del verano. Basura ruidosa que degrada Camelot a Magaluf.

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