La ciudad de la historia por Eugenio J. Vega Geán y Fco. Antonio García Romero

Asta Regia, la ciudad en el contexto de la colonización romana (II)

LOS programas de colonización de Roma triunfaron plenamente en Hispania en el siglo II a.C., pero dejaron abiertos varios conflictos entre la aristocracia senatorial y los populares en cuanto a sus objetivos en las provincias. El conflicto, como vimos, se hizo extensible cuando Q. Sertorio se subleva contra Sila, arrastrando a buena parte del sur de Hispania contra el gobernador de la Ulterior.

Plutarco (Plut. Sert, XII, 3) recuerda que para solventar esta situación Roma envió en 76 a.C. a Gn. Pompeyo. Éste logra asegurarse mediante la concesión de ciudadanía un importante sistema de clientelas en el territorio de Turdetania, garantizando así el dominio de los senatoriales. Al final, Sertorio es asesinado (72 a.C.), y la Turdetania (luego parte de la Bética) será en el futuro una provincia senatorial. Allí el latifundismo esclavista se extenderá notablemente, y algunas familias de la aristocracia mercantil indígena, como los Balbo de Gades - en estos momentos al lado de Pompeyo- son promovidos a la ciudadanía romana.

Volviendo a Italia, otro peligro amenaza a Roma. Cuando Pompeyo accede al consulado (70 a.C.) su meta es la incorporación de los reinos de Oriente al dominio romano, pues el control de las rutas comerciales del Mediterráneo oriental era vital para el tráfico de esclavos. A Pompeyo se le cedió el mando de los mares y las costas hasta 50 millas al interior con el objeto de evitar los ataques de los piratas por el daño que infligían a este tráfico. Y si pensamos que fue una ley extensible a las provincias, se incluye en este espacio las costas gaditanas y los territorios inmediatamente interiores, incluyendo Asta, durante tres años (67 - 65 a.C.). En el año 57 a.C recibe además, ya dentro de su demarcación (Hispania) y durante otros cinco años, la supervisión del abastecimiento de trigo (cura annonae). Así que podemos decir que Pompeyo tenía una enorme capacidad para ejercer un control de los recursos agrícolas y del comercio y desde luego la aplicó en Hispania de acuerdo con sus intereses. Poco después, en 56 a.C., Pompeyo está recurriendo a los Balbo, a Gades, para abastecer de trigo a la población de Roma, justo en una coyuntura de precios al alza (Cic. Pro Balbo, 40) agradeciendo este gesto con la concesión de ciudadanía al gaditano. Balbo, con ello, entra en los círculos de los negocios de la oligarquía romana.

Es entonces cuando entra en juego César. Como rival último de Pompeyo utilizará estas circunstancias para atraerse a su causa y a sus filas a un importante número de campesinos itálicos desposeídos y también a las élites locales de las ciudades. Para lo primero, impulsa la creación de colonias fuera de Italia, y la Ulterior fue uno de los espacios propicios para ello; para lo segundo, fomenta la concesión de ciudadanía o el establecimiento de clientelas, como sucedió con los Balbo desde el momento en que César actúa como propretor de la Ulterior en 62 a.C.

Los senatoriales, que ven peligrar sus intereses en la Ulterior, confían la protección de la República a Pompeyo. Y se desata la guerra civil. César, para lograr la victoria, estimó como uno de los objetivos fundamentales el control de la annona, pues si el escenario de la guerra se ampliaba a Hispania era preciso disponer de recursos para abastecer a sus tropas y a la propia capital, pues no en vano gran parte de su apoyo político en Roma venía de las distribuciones gratuitas de trigo a 150.000 ciudadanos pobres. Por ello, ordenó de inmediato la requisa de grano en la Ulterior, empezando por Gades (que, aun en el bando de Pompeyo, preparaba una flota para enviar trigo turdetano). Las requisas que se producen durante la guerra civil, entre 49 y 45 a.C., debieron de ser grandes a juzgar por la enorme cantidad de trigo de la Ulterior que M. Varrón almacenó como legado de Pompeyo:120.000 modios, aproximadamente un millón de litros (César, BC, 2, 18).

Mientras César planificaba el desembarco en Gades y el control de las requisas, conseguía que los Balbo cambiaran de bando, acercándose a su causa (Livio, Per. 110), lo que de hecho significaba la "derrota" de Pompeyo, que perdía el control de la annona. Para ello se valió también del apoyo de los equites, y en particular de los de Asta, (Bell. Hisp. XXVI, 36), que vieron una gran oportunidad de negocio con el suministro de recursos a la annona. Entre ellos podemos identificar a un miembro de la ya mencionada gens Baebia, A. Baebius, al que bien pueden asociarse el magistrado P. Baebius que años después reconstruye las murallas de Asta (CIL II, 5405) y M. Baebius Hilarus, propietario que dejó una inscripción en el Cortijo de Espartina (AEspA, 14, 556). Los Baebios de Asta estarían vinculados con otra rama de Gades, los Baebii Claricii, posible sociedad de mercatores, dedicada a la exportación de salazones hasta, al menos, la época de Augusto, y cuyo nombre está registrado en las ánforas Dressel 7/11 del Testaccio de Roma.

Tras vencer a los ejércitos pompeyanos en Munda (45 a.C), Asta es definitivamente sometida y pide la paz (Bell. Hisp, XXXVI). César lleva a cabo su plan de colonización y reorganización administrativa de la Ultrerior. La colonia, Asta Regia, es concebida como un asentamiento nuevo, en el que se instalan colonos itálicos pero no se extiende la ciudadanía romana al grueso de la población indígena, como si sucede en Gades, que es elevada a la categoría de municipio.

La función de la nueva colonia será la de controlar un territorio (llamémosle ager hastiensis), facilitando de este modo la progresiva integración de la población indígena en las estructuras administrativas romanas. Como otros asentamientos coloniales planificados por César en torno al Valle del Guadalquivir, Asta Regia (Hasta) sería a su vez un punto clave de la administración provincial de la annona (aparece en los Vasos de Vicarello como estación aduanera dentro de la calzada que atravesando las capitales conventuales de la Bética de Augusto, unía Gades con Roma (CIL XI, 3281). Este "ager hastiensis" fue necesariamente un territorio reducido, porque es Gades la que administra directamente la costa, y porque Roma promocionó también otras ciudades vecinas como Asido o Ceret, limitándose así las posibilidades de expansión de la ciudad hacia el Este. Su territorio se reduciría al núcleo urbano y las tierras de los alrededores, quizás con una salida portuaria entre Rota y Sanlúcar de Barrameda.

Durante su consulado en 59 a.C., César desarrolló una lex agraria que contemplaba el reparto del ager publicus de Italia, con la concesión de 10 yugera (2´5 Htas) por cada veterano o pobre con familia de tres hijos o más. Esto no impedía la existencia de otras grandes fincas en manos de terratenientes. La ley dejaba fuera de este reparto a amplias zonas de la Campania y la Toscana, la vieja Etruria, como recuerda Cicerón (Cic. Ad. fam, XIII, 4, 2), y parece que uno de los propósitos de esta colonización fue dar tierras a colonos procedentes de esta última región. Algo que podemos rastrear a partir de una inscripción del Museo Arqueológico de Jerez (Vives, 3293) en la que se recuerda a Sicinia Tuscilla, una mujer con onomástica etrusca (Tuscilla, la "toscanita"). La inscripción se ha datado en época julio claudia (I d.C.), pero podría revelar que su padre, Quintus, también podría ser tuscus. En este sentido hay que destacar que el antropónimo Tuscus y sus derivados Tusca, Tuscillus, Tuscilla solo se han registrado en la epigrafía de Hispania, en la Lusitania - desde Lisboa hasta Badajoz - y en toda la Ulterior, espacio en el que César ha planificado colonias para asentar a parte de los 80.000 ciudadanos destinados fuera de Italia (Suet, Caes, 42). Es muy probable que este sea, como veremos, el modelo aplicado en Asta Regia: junto a los lotes cedidos a veteranos y campesinos itálicos existieron propiedades mayores que fueron pronto adquiridas por potentados equites como A. Baebius, beneficiados tras las guerras civiles.

Jesús Montero Vítores (CEHJ)

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