Autobiografía del Guadalquivir

  • El Archivo de Indias revisa a través de mapas, lienzos, fotografías y piezas arqueológicas el imaginario construido alrededor del río, desde las referencias mitológicas a su impacto en la vida actual de los andaluces

Se podría escribir la historia de la ciudad atendiendo sólo al reflejo de su río. Arañando en su fondo que guarda aún el costillar de galeones hundidos. O paseando por sus riberas donde llega a veces el olor del mar mientras bajan esas aguas con color de aceite antiguo. El Guadalquivir es un fluido extenso y horizontal, una geografía con memoria, un cuaderno de recuerdos que ha sido evocado desde el destierro, desde la prisión o desde el paraje inexplorado.

Alrededor de ese relato se levanta hasta el próximo 18 de marzo en las salas del Archivo de Indias la exposición Guadalquivir. Mapas y relatos de un río. Imagen y mirada. "Se trata de un recorrido entre el pensamiento y el sentimiento sobre este río que fluye en nuestra vida y que pertenece a la memoria personal y también colectiva", explica el profesor José Peral López, comisario de una muestra que ha sumado esfuerzos de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla y la Confederación Hidrográfica (CHG), organismo que celebra así sus noventa años.

La cita se adentra en la mitología, el tesoro cultural y la potencia económica del río

En la explosión inicial de la muestra está el hallazgo en la Biblioteca de la Hispalense de un manuscrito desconocido del siglo XVIII sobre el río. Su autor, Matías de José de Figueroa, que se define en él como "arquitecto del agua", da cuenta en una narración a medio camino entre el informe y el relato novelado del "estado del antiguo Betis hasta ahora no visto, ni publicado por algún escritor hidráulico". Cita, además, dos láminas -no incluidas inicialmente en el legajo- del cauce de un río que describe como "voraz, assombroso i assolador".

A partir de ahí, la exposición pasea entre juncos, tarajes, olivares y dehesas desde los aires limpios de la Sierra de Cazorla hasta que se va adentrando el olor del mar, ese soplo atlántico que es ya sólido en Sanlúcar de Barrameda. En ese descenso húmedo de 657 kilómetros de longitud se van ofreciendo al visitante mapas, libros, láminas, lienzos, fotografías y piezas arqueológicas que arrojan luz a su mitología, a su legado histórico, a su tesoro cultural, a su potencia económica.

Este viaje simbólico se divide en distintas secciones: el río como recurso, como amenaza, el río domesticado, el río como mito, como proyecto y, finalmente, el río gestionado. "El Guadalquivir se ha mostrado diferente aun siendo uno solo", señala, a modo de paradoja, el comisario, quien aclara que "existen, al menos, tres ríos: el cauce histórico, el cauce vivo y el río mental que discurre por las mentes de los andaluces, pues es, sin duda, el gran símbolo de Andalucía y de su Historia".

Así, entre meandros y afluentes argumentales, la muestra va desvelando la naturaleza del Guadalquivir como río cultural, de paisaje de civilizaciones como Tartesos, la Bética y Al-Andalus hasta convertirse en el cauce que nutrirá de grandes cantidades de oro y plata a Sevilla como puerta del Nuevo Mundo. "De ahí que sea un río español, pero también el comienzo de un río americano", expone el director del Archivo de Indias -la antigua Casa Lonja de Mercaderes-, Manuel Ravina.

Por este relato, la exposición se asoma, con cierta osadía, a la vinculación del Guadalquivir con la divinidad. Así, se exhibe un vaso fenicio en forma de barco dedicado a la diosa Astarté, fechado hacia el siglo VIII a. C.; un detalle del pedestal en honor a Minerva encargado por los comerciantes de aceite de Híspalis en el siglo II d. C., y la Inmaculada de Francisco Pacheco que hoy se encuentra en la parroquia de San Lorenzo, donde el pintor representa a los pies de la Virgen a Sevilla como puerto y al Aljarafe como jardín del Edén.

Otro de esos recorridos que propone Guadalquivir. Mapas y relatos de un río. Imagen y mirada conduce a la crónica de los cauces rebeldes y el paseo sonámbulo de los ahogados. Porque también el río arrastra una historia tenebrosa de inundaciones y crecidas por lluvias antiguas, un recuerdo de desastres por riadas que anegaron Sevilla y que forman parte de su Historia. Tanto es así que no es hasta el paso de los siglos XVIII al XIX cuando se apartan los ritos y las advocaciones religiosas y se da entrada a las obras públicas para controlar estas calamidades.

Para ilustrar el impacto de la crecida del río se exhibe, entre otras piezas, un delicioso óleo de José Pinelo Llul -fechado en 1881, hoy en manos privadas- que muestra unas barcas navegando por las calles de Triana, así como distintas descripciones, relaciones y memorias de repetidas inundaciones entre los siglos XVI y XVIII. También se incluye un curioso manual, Instrucción sobre el modo y los medios de socorrer a los que se ahogaren o hallaren en peligro en el río Guadalquivir (1773), utilizado para atender a los accidentados en la temporada de baño.

En este apartado El río como amenaza, el historiador Manuel Peña Díaz da cuenta de cómo en 1947 las ayudas a los damnificados se desviaron para pagar el recibimiento que la ciudad dio a Eva Perón. Esta denuncia movilizó a los principales miembros del Partido Comunista, que fueron detenidos por la Policía. "En el consejo de guerra celebrado el 22 de febrero de 1949, veintitrés fueron condenados a distintas penas de cárcel y tres fueron condenados a muerte. El régimen obtuvo de la riada un éxito político sin precedentes: la desarticulación del PCE en Andalucía", detalla el profesor de la Universidad de Córdoba.

Junto a la exposición en el Archivo de Indias, Guadalquivir. Mapas y relatos de un río. Imagen y mirada tiene también una versión online en la que se puede tener acceso a documentos que, debido a su estado de conservación, no se han podido exponer en las vitrinas. También en las salas del monumento se ha abierto un espacio interactivo en el que los visitantes pueden compartir fotografías y comentarios sobre su vinculación personal con el Guadalquivir. "Que todo cuanto abarca este gran río/ es mío, es tuyo, si tú vienes…", escribió el poeta Fernando de Herrera.

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