Lectores sin remedio por Ramón Clavijo y José López Romero

Los otros

  • Ponga usted un bárbaro, un 'otro' en su vida al que culpar de su desgracia. Y en esto todos tenemos nuestros bárbaros de cabecera

 “Cuando decimos que deseamos un mundo mejor y más feliz, casi siempre queremos decir un mundo mejor y más feliz para nosotros mismos. De algún modo la culpa de nuestros males la tiene siempre el vecino, o el extranjero, o uno de los nuestros que nos traicionó, o el enemigo que acecha fuera de las murallas, es decir, los bárbaros que amenazan con llegar eternamente”, acabo de releer en ‘La ciudad de las palabras’, de nuestro admirado Alberto Manguel, libro que ya reseñamos aquí hace unas semanas. Un libro inteligente de un inteligente escritor que, siempre en el papel de lector atento y avisado, sabe extraer de sus lecturas observaciones que le permiten hacer un análisis más profundo de la realidad o de la literatura, que comparte con sus lectores y del que siempre aprendemos. El pasaje que hemos transcrito procede del último capítulo titulado ‘la pantalla de Hal’, alusión al superordenador HAL 9000 que controla  la nave espacial de la película ‘2001, una odisea del espacio’. El tópico del otro, del bárbaro al que le echamos la culpa de todo lo negativo que nos pasa ya tiene sus buenas manifestaciones literarias en novelas como ‘Esperando a los bárbaros’ de Coetzee (reseñada en esta misma página por mi compañero Ramón) o, menos famosa pero no menos interesante, ‘El desierto de los tártaros’ de Dino Buzzati, obra que tiene versión cinematográfica, como célebre es la película titulada ‘Los otros’ de Amenábar. Por no hablar de la figura del anticristo, permanente amenaza del cristianismo que ya vimos en un artículo anterior a propósito de la publicación de la obra de Hipólito (ed. de Francisco Antonio García Romero). Y no es solo la constante presencia amenazadora de lo desconocido en lo que ciframos el origen de todos nuestros males, sino lo que esto supone de dejación de nuestra propia responsabilidad en lo que nos ocurre. Dicho de otro modo: ponga usted un bárbaro, un ‘otro’ en su vida al que culpar de su desgracia. Y en esto todos tenemos nuestros bárbaros de cabecera. En estos tiempos tan confusos es la crisis en general el otro por excelencia, a ella se le achacan todos nuestros males y en ella se amparan los que no tienen otros argumentos más inteligentes para sacarnos de ella. La oposición ve en el gobierno al ‘otro’, y viceversa, pero ninguno de los dos se unen para hacer que este mundo sea mejor y más feliz para todos. Y así en todos los órdenes de la vida. Sin embargo, no miremos al vecino, ni al extranjero ni miremos por encima de nuestras murallas para ver si vienen los bárbaros, porque nadie nos va a convencer de que no están ahí fuera, el otro está en buena parte en nosotros mismos; en lo que hemos hecho y hacemos todos los días por conservar lo que hemos conseguido o tenemos, o nos han dado graciosamente, es decir, por enchufe, e incluso por mejorar y hacer más feliz nuestro mundo. Es fácil apostarse delante de su casa, empapelar su fachada con nuestras protestas e insultar al bárbaro sobre el que hemos hecho recaer todo el peso de la culpa de nuestros males. ¿La responsabilidad es de los-otros o de nos-otros?.  José López Romero

Libros recomendados:

La España del siglo XIX

Manuel Tuñón de Lara. Akal, 2000, 2 vols

Y si antes hacíamos alusión a Fernando Lázaro Carreter, no le va a la zaga Tuñón de Lara en lo que a los estudios de la historia de España, especialmente del siglo XIX, se refiere. Dos volúmenes, de fácil manejo por su formato de bolsillo (una de sus virtudes), y de entretenida lectura, sin que por ello se pierda rigor (otra de sus virtudes), no en vano lo avala el que fuera catedrático de Historia en Baleares y en el País Vasco, que nos acerca, explica y analiza con detalle uno de los periodos más turbulentos de la historia de España. Con todos los acontecimientos acaecidos en el XIX, cómo aún nos podemos extrañar de los padecimientos presentes. Sin duda nuestros antepasados decimonónicos sentaron sólidas las bases de lo que nuestros abuelos y padres hicieron en el siglo pasado. Aunque tampoco nosotros lo estamos haciendo mejor. J.L.R.

El texto en la historia

Iris M. Zavala. Nuestra cultura, 1981.

Es costumbre reunir en un volumen artículos que el investigador ha ido diseminando por revistas especializadas a lo largo de los años, y a los que el lector o el estudioso no tendría tan fácil acceso. Lo más frecuente es agruparlos por época, pero en otras el criterio bien puede ser “el deseo de estudiar los caminos posibles de una visión crítica de la cultura hispánica”, como asegura la gran hispanista Iris M. Zavala. Realmente el punto de unión de los ocho trabajos que forman este libro no es otro que el interés de la investigadora por establecer relaciones: entre cultura popular y culta, entre literatura y política, entre la obra literaria y la historia (como reza su título). De ahí que vaya de la teoría de la novela en el XIX, al esperpento de Valle-Inclán; de Rubén Darío a Flora Tristán; de los romances de ciego al revolucionario Picornell. J.L.R. 

Las lágrimas de San Lorenzo

Julio Llamazares. Alfaguara, 2013.

Es éste un autor que ha recorrido, y con éxito, todos los géneros literarios, aunque para algunos, entre los que me incluyo, el de la literatura viajera sea con el que ha alcanzado más seguidores (para mí con ‘El río del Olvido’, alcanza unas cotas insuperables). Vuelve ahora a transitar por la novela con una historia donde el paso del tiempo y la fugacidad de la propia vida es el eje central. Un profesor universitario regresa a la isla de Ibiza (Eivissa) tras muchos años de ausencia. El motivo puede parecer algo banal, contemplar con su hijo, con el que ha mantenido poca relación en los años atrás, la lluvia de estrellas de la noche  de San Lorenzo. Pero en esa noche, al tiempo que ambos contemplan el espectáculo que les brinda cielo, se crea el “tempo” mágico para que los dos rememoren el camino temporal que los ha llevado hasta ese instante. R.C.P.

Esperando a los bárbaros

J.M. Coetzee. De bolsillo, 2011

Las numerosas reediciones de este libro ya nos dicen que contiene una de esas historias que lejos de pasar al olvido, como sucede con gran parte de la producción editorial que desfila ante nuestros ojos, sigue emocionando, y en este caso removiendo conciencias, con una historia cruda pero que nos hace sentir la verdadera naturaleza humana. Los protagonistas, un gobernador de un pueblo fronterizo que vive la amenaza de la invasión, y un coronel que llega para proteger el lugar, personifican por un lado la esperanza y, por otro, la crueldad, aunque como en toda la obra de Coetzee, no son modelos perfectos y  esas contradicciones hacen de esta novela un relato turbador que sume al lector en un mar de dudas. Un libro de los que, como decíamos al comienzo de estas líneas, nunca nos olvidaremos después de que lleguemos a la última página. R.C.P.


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