Beethoven para todos

 LA producción de música para piano creada por Beethoven va unida estrechamente a su existencia cual testimonio insoslayable de inspiración. Dentro de este contexto, las sonatas para piano, convertidas en columna vertebral de toda su obra, muestran de manera tácita la evolución de su estilo cuya esencia ejercerá una influencia decisiva en el desarrollo musical del Romanticismo, siempre desde la ortodoxia y sin abandonar las estructuras formales del Clasicismo pero con una fuerza tan arrolladora y nueva como para marcar directrices concretas; impulso influenciado, asimismo, por unos acontecimientos históricos que el individuo vislumbra y asume y que el compositor plasma en su obra. De esta manera, Beethoven abre la puerta al Romanticismo más por el fondo que por la forma, sus composiciones dejan de pertenecer al dominio de la música ‘pura’, absoluta, renunciando a su soporte privativo para recelar un elemento que explica su originalidad, su singularidad, el secreto que liderará su expansión formal con tal ímpetu que alumbrará todo un siglo y que no es otro que su elemento poético. Esto explica por qué el compositor hace hincapié en el significado preciso de algunas de sus obras, cuyo ejemplo más visible pudiera ser la sonata op. 81a ‘Los adioses’ donde incluso titula cada movimiento: ‘Das Lebewohl’ (‘El adiós’): Adagio, Allegro; ‘Die Abwesenheit”’ (‘La ausencia’): Andante espressivo; ‘Das Wiedersehen’ (‘El regreso’): Vivacissimamente. O bien por alusión, como ocurre por ejemplo con la Sonata op. 31 nº 2 conocida como ‘La tempestad’ título que surgió cuando un alumno le preguntó que quería expresar en esa obra y el maestro contestó “¡Lea La Tempestad de Shakespeare!”. 

En 1847 Carl Czerny, el alumno más celebre de Beethoven, escribió en su Método de piano: “Cada una de sus composiciones expresa un estado de ánimo o una reflexión particular con los que se identificaba hasta en el más mínimo detalle. La melodía, la idea musical predomina sobre todo; cada trazo, cada episodio no son más que medios, nunca un fin”.

Podrán entender que abordar la interpretación de tan compleja integral no es tarea fácil ya que no basta con estar muy preparado técnicamente para ofrecer una visión medianamente equilibrada. 

La integral de Sonatas para piano de Beethoven que traemos hoy a esta página posee muchas de las características expuestas en párrafos anteriores y fue registrada a Daniel Barenboim en el ciclo de conciertos que ofreció entre el 17 de junio y el 6 de julio de 2005 en la Staatsoper de Berlín, grabaciones editadas en 2007 en formato DVD cuya toma de sonido recupera ahora DECCA en este álbum de la colección ‘Beethoven for all’ y que servirá para recuperar la difusión de unas versiones ejemplares al tratarse de la tercera y última grabación que realiza el bonaerense del ciclo completo beethoveniano, un repertorio que inició en los estudios de grabación con apenas 25 años en la década de los sesenta, con resultados muy satisfactorios.

El Beethoven de Barenboim es claro y poderoso, desprovisto de cualquier atisbo de artificio, parco y sencillo pero nunca simple, envuelto en una pulsación precisa cuyo discurso no divaga por la senda de la elocuencia y se ciñe al mensaje sin rebuscar efectos extraños ni ostentación en los pasajes virtuosisticos. No es un Beethoven amable porque la música tampoco pretende mostrar una belleza empalagosa, antes bien, se muestra sincero y poético, profundo y perdurable. 

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