Bello entusiasmo colorista

LOS Baños Árabes, ese establecimiento jerezano que ofrece con calidad un producto para purificar los sentidos, se está convirtiendo en un espacio expositivo con continuada programación en el contexto general del arte de una ciudad con poca propuesta y donde las salas institucionales se encuentran perdidas y sólo algunos mínimos proyectos mantienen un escaso rescoldo en un fuego artístico de muy tenue intensidad y que viene a constatar una realidad expositiva que pasa por ser una de las más flojas de los últimos tiempos.

Valentín Agrela es un pintor jienense que se nos presenta como un artista con muy buenas proposiciones pictóricas; un autor que posee un lenguaje abstracto de mucha energía plástica y de muy acertados planteamientos coloristas. El hamman jerezano se llena con una espléndida muestra de emocionante pintura que tiene en los valores del color su máxima propuesta artística; una muestra que nos plantea toda una lección de esa pintura abstracta que se sustenta en los mágicos registros de una esencia plástica que asume la ausencia de lo concreto para, desde los arbitrarios esquemas cromáticos, potenciar una evocación que dirige la mirada hacia los estamentos de lo más emotivo.

Los espacios de los Baños Árabes se llenan de bellos momentos coloristas que manifiestan las infinitas posibilidades expresivas del color. Muy buenos los azules en sus distintas tonalidades que se hacen especialmente triunfantes en dos magníficas piezas donde el añil, con suaves irisaciones, alcanza cotas de sublime realidad y trascendencia pictóricas. En la sala principal Valentín Agrela nos ofrece un políptico, muy bien equilibrado de color, en el que las ocho piezas que lo componen pueden funcionar en solitario, marcando rutas de inusitado simbolismo desde los poderes estructurales de los rojos. En los últimos espacios nos encontramos con piezas de mayor contención colorista en los que la forma plástica se yuxtapone a la propia superficie del soporte en un sutil juego de presencias y ausencias formales.

La obra de este artista, profesor en la Escuela de Arte, nos descubre a un pintor consciente, sin medias tintas, sabedor de lo que supone la pintura abstracta y sabio constructor de un proyecto donde la manifestación cromática genera una arquitectura de tenue gestualidad, meditado expresionismo y sutil manejo de las gamas - con azules y rojos como supremos jueces de una sugestiva y contenida pasión formal -. Estamos ante una muy esclarecedora lección de pintura abstracta, esa que sin demasiadas exuberancias nos abre las justas perspectivas de la evocación. En la obra de Valentín Agrela nos situamos ante un espacio abierto a las más expectantes emociones; las gamas cromáticas, pulcramente distribuidas, formulan bellos episodios de la mejor pintura abstracta, esa que, todavía, te hace confiar en un arte que, desde las reducciones cromáticas, te transportan a los más privilegiados horizontes del espíritu.

Hemos descubierto a un artista importante que cultiva una pintura llena de entusiasmo creativo y que asume la fortaleza de un arte en la más absoluta expansión.

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