Caballero Bonald defiende el carácter curativo de la poesía en 'Factor humano'

El escritor José Manuel Caballero Bonald vacila a la hora de dar una respuesta al enigma con que desafía a sus ponentes el congreso Factor humano de la Universidad Hispalense, ¿Qué cabe esperar? "De la poesía hay que esperar muy poco, y hay que esperar muy poco de mí mismo", sentencia con humildad. Pero el autor jerezano, uno de los ponentes en la última jornada de este encuentro que se clausuró ayer, proclama pronto la utilidad del verso para sanar heridas. "La poesía tiene un lado curativo, te cura de muchas asperezas, de muchos acosos de la historia y de la vida contemporánea, de ese mundo hostil. La palabra me ha salvado de esos acosos de la historia", admite el autor de Ágata ojo de gato.

Aunque Bonald viene a ofrecer un recital con fragmentos de su obra, aporta a esas lecturas la voz de su experiencia, su percepción del entorno. Lamenta la pobreza del lenguaje que afecta a la comunicación y a las letras actuales. "Cuando empecé a escribir hace 60 años, siempre me preocupé por algo que últimamente se está olvidando: la capacidad de la palabra para describir las cosas. Ahora las palabras se usan atropelladamente, sin ningún tipo de preocupación por el estilo, y eso es una barbaridad", apunta. Se sincera mientras comparte con el auditorio una selección de textos que va desde Las adivinaciones, su primer poemario, hasta Manual de infractores, con el que recibió el Premio Nacional de Poesía 2006. En las pausas, esboza nociones sobre el oficio de escribir. Manifiesta que "la gran literatura está hecha por grandes desobedientes, desobedientes a su propia tradición" y aprovecha que el escenario es la Escuela de Ingenieros para recurrir a las ciencias. Argumenta que "la poesía es una mezcla a partes desiguales de música y matemáticas. Sin música el lector nota que la lectura se le hace fatigosa, y las matemáticas son necesarias porque los versos consiguen esa medida". El poeta abre ventanas a la intimidad y contesta a "esa pregunta que tanto hacen de por qué uno empieza a escribir. Yo comencé a hacerlo porque leí una biografía de Espronceda, descubrí ahí a un personaje maravilloso. Había muerto a los 32 años, pero antes había hecho de todo: había fundado una sociedad secreta, fue perseguido por su republicanismoý Como no podía alcanzarlo en tantas hazañas intenté imitarlo en escribir poesía y en llevar una vida licenciosa", relata.

Bonald también señala el flamenco como una de sus primeras pasiones. "A mí me atraía mucho el mundo de los gitanos, las tabernas, ese mundo marginal. Las letras eran maravillosas".

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