Carlos Edmundo dentro de Cádiz

  • Laura Lachéroy, viuda de Ory, comenzó a abrir ayer en el centro cultural Reina Sofía las cerca de 300 cajas que contienen el legado del desaparecido poeta gaditano

Carlos Edmundo de Ory siempre llevó, durante toda su vida, estuviera donde estuviera, a Cádiz dentro. "Ahora Cádiz lleva dentro a Ory, que es lo que él quería". Las palabras de Laura Lachéroy, viuda del desaparecido poeta gaditano, rebotan, se esconden, marinean entre las cerca de 300 cajas que casi tapizan una de las salas de la segunda planta del centro cultural Reina Sofía. El universo empaquetado de Ory. Su cosmopoética materializada en libros, pinturas, juguetes, juegos...El legado vasto, diverso, ecléctico y, en buena parte surrealista, de Carlos Edmundo de Ory. Un legado que ya está en Cádiz en la que será la sede provisional de la fundación que lleva el nombre del implacable lanzador de aerolitos.

La lluvia, convidada de piedra que parece que siempre quiere acompañar a los miembros del patronato y del consejo asesor de la futura fundación, se convirtió en el telón magnífico de un mediodía para la nostalgia. Las emociones de Laura estaban a flor de piel mientras, tijeras en mano, desembalaba algunos de los enseres que pertenecieron al poeta y que llegaron a Cádiz desde la casa que ambos compartían en Thezy-Glimont. "Claro, hoy es un día emocionante para mí", acertaba la viuda después de mostrar a la concurrencia la figura de un caballo de feria, que le envió un abogado procedente del circo Price; el contenido de una caja repleta de libros, entre ellos las memorias de Francisco Nieva Las cosas como fueron, donde se nombra al poeta gaditano en múltiples ocasiones; un cuadro realizado por Nanda Papiri, la viuda de Eduardo Chicharro; y un gran tambor con cuerpo de hojalata sobre el que el cantautor, gran amigo de Carlos Edmundo y miembro del patronato de la fundación, Fernando Polavieja, bromeaba apuntando que "claramente es un tambor prusiano".

Y es que muchos amigos del hombre de la tierna mirada de niño acudieron ayer al antiguo gobierno militar para ser testigos del descubrimiento del legado del literato conformado por 8.394 libros y revistas y 235 objetos artísticos y demás enseres como collages, cartelería, fotografías y diferentes colecciones... Un universo loco y variado porque, como la misma Laura reconocía, "Carlos le daba igual de importancia a una piedrecita que hubiera tirada en el suelo como a un objeto de más valor que le regalaran. Para él todo eso formaba parte del universo poético de la infancia. Le maravillaba cualquier cosa que brillara de alguna manera especial o que le pareciera extraña".

Algunos de esos objetos sobrenaturales para el poeta, sus propias manías y alguna que otra anécdota fueron recordadas en pequeños corros por muchos de los amigos presentes como Fernando Polavieja, Ana Rodríguez-Tenorio, Jesús Fernández Palacios, José Manuel García Gil, José Ramón Ripoll y Luis Quintero, entre otros, que hojeaban los pequeños secretos al descubierto de Ory junto con autoridades de la ciudad como la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez y el concejal de Cultura, Antonio Castillo.

"Resulta no menos que curioso que en el muelle estén atracados hoy dos barcos con estos nombres: Poesía y Oriana", caía Fernández Palacios aportando aún más magia a la jornada. Con Jesús descubrimos también anotaciones del propio Ory en los libros, o un papel manuscrito donde resaltaba unas palabras que le dedicaba Ramón Gómez de la Serna. "Entre estas cajas también tienen que estar sus libros en francés más queridos, los de Kafka, Pierre Jean Jouve, Albert Camus, los poetas surrealistas o una biografía que él mismo hizo de Lorca en los años cincuenta y que está traducida al francés", cuenta el amigo y poeta con el que nos quedaríamos toda la tarde resolviendo el enigma de qué se esconde detrás de cada número que marca cada caja. Los extraños y fascinantes planetas de Ory que ya están dentro de Cádiz.

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