Castella pasea la única oreja de una corrida que prometía más

  • El diestro francés consigue un trofeo en su primer oponente · Enrique Ponce y el sevillano Antonio Barrera dan sendas vueltas al ruedo en sus segundos toros

Una oreja para Sebastián Castella, el único trofeo de la tarde en San Sebastián, en una corrida que prometía más por parte de toros y de toreros, y que por unas cosas y otras no terminó de romper. El balance final de una oreja para Castella no es ni mucho menos lo que dejaba entrever la buena corrida de El Ventorrillo incluso la excelente disposición de los toreros. Fallaron las expectativas en los momentos clave, por ejemplo, cuando Barrera pinchó su primera faena, y cuando a Ponce le traicionó también el descabello en el cuarto. Y hubo más contratiempos que aún pasando desapercibidos condicionaron la falta de más triunfos.

Al primer toro de Ponce se le fue la vida por un infame puyazo en la paletilla. La sangre brotaba a borbotones, dejando charcos por donde se paraba el animal. Ponce merodeó un tiempo a su alrededor, mas no pasó de las simple probaturas.

El cuarto fue toro importante para el torero, no tanto para el ganadero. Sonó estribos y se fue suelto en los dos encuentros con el caballo. Pero se echó para adelante en la muleta, largo y humillado, con mucha transmisión. Mientras, Ponce, decidido y artista. Una faena exquisita, de temple y ligazón, de gustarse mucho en la interpretación. Repuso el toro al principio por el lado izquierdo, pero sólo al principio, porque pudo más la firmeza y el poderío del torero, obligándole.

Se recreó Ponce en lo fundamental, toreando largo, firme y sentido. Y se vació por completo en lo que llaman accesorio, haciéndolo muy auténtico, los adornos, remates, cambios de mano. Fue faena pulcra y honda. Faena grande con hándicap notable: el descabello. Hasta seis veces atacó el valenciano con el estoque de cruceta, hasta cambiar las dos orejas por una vuelta al ruedo, eso sí, aclamada. Y antes también un aviso.

Otro que se dejó trofeo en la suerte suprema fue Barrera después de haber toreado muy requetebién al primero de su lote. La faena, como el toro, fue a menos, con cierta insuficiencia por el lado izquierdo.

Pero había toreado Barrera muy firme, la figura muy encajada, templado y mandón en las dos primeras series a derechas. Inoportuno desarme en un remate de pecho, y aunque buscó el toro la querencia en alguna ocasión, no permitió el torero que se rajara. En las postrimerías hubo cositas de mucho empaque. Si llega a matar como Dios manda, hubiera cortado una oreja con fuerza.

El quinto fue de los toros que desentonaron en el buen conjunto, sin humillar lo suficiente. Largo trasteo de Barrera, de muchos pases y poco poso.

Castella se llevó el único trofeo de la tarde por una faena de menos a más. Correcto en la primera parte, pero sin entrar en profundidades. Los pasajes finales tuvieron más entidad, cuando le bajó la mano al toro ligándole tres tandas muy enfibradas. Contaron también los adornos y, por supuesto, la estocada.

El sexto no dio tantas facilidades, venciéndose por el pitón derecho y sin humillar lo suficiente. Tampoco estuvo muy firme Castella, citando casi siempre con la muleta retrasada. Se notó la inseguridad del torero y la falta de ritmo en el toro.

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