Chaikovsky vuelve a casa por Navidad

  • El Ballet Imperial Ruso trae al Villamarta el tradicional espectáculo del 'Cascanueces'

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Música: Piotr Chaikovsky. Coreografía y libreto: Gediminas Tarandá. Decorado y vestuario: Andrey Zlobin y Anna Epatieva. Elenco: Vitautas Taranda (Drosselmeier), Duminika Radamaría (Masha), Lina Sheveliova (Franz), Nariman Bekzhanov (Cascanueces /príncipe), Oxana Sharova, Maria Larikova, Aliona Jelnina, Ana Pashkova, Igor Davidov, Elena Kolesnichenko, Ekaterina Kononenko, Ekaterina Ronikova, Polina Erlykina, Igori Subbotin, Alexei Gorbatenko, Maiumi Kaneko, Nadezda Illarinonova y los alumnos de la Escuela de Música y Danza 'Belén Fernández'. Teatro Villamarta, martes 13 de diciembre, 20,30 horas.

Como el turrón, el Cascanueces también regresa por Navidad. Lo hizo el martes, en el Teatro Villamarta, y fueron muchos los jerezanos, en un coliseo prácticamente lleno, los que saborearon este momento. Un dulce mágico traído por el Ballet Imperial Ruso, surgido de la receta de la popular obra de Chaikovski, aderezado con la interpretación de unos 40 alumnos de la Escuela de Música y Danza 'Belén Fernández', en papeles infantiles.

Entrando en materia, desde el primer momento se notaba una buena sintonía del público, que la compañía venida del frío no ignoró. Un papel destacado en esta conexión fue el del viejo chiflado, inventor de juguetes y amigo de los niños Drosselmeier (Vitautas Taranda), que no bailaba pero que hizo un perfecto enlace entre las diferentes escenas y con, se podría decir, algunas improvisaciones bien estudiadas.

Un título del siglo XIX, uno de los más representados del ballet clásico, que se desarrolla en dos actos y que cuenta con la coreografía revisada de Gediminas Tarandá, director artístico de la compañía eslava y uno de los grandes mitos del baile de todos los tiempos. Una antigua ciudad alemana, en plena Nochebuena, en casa de los Stalbaum, donde todos están preparados para la Fiesta con danzas, disfraces, juegos y un espectáculo teatral en el que el Rey de los Ratones quiere secuestrar a la princesa, pero el valiente juguete Cascanueces le derrota y salva a la dama. Todo un mundo mágico en el que la protagonista, Masha (Duminika Radamaría) y el 'Cascanueces' humano (Nariman Bekzhanov) conforman la brillante pareja de baile protagonista, con una perfecta coordinación, técnica, a tiempo con la música y una expresividad que ponía la guinda a cada una de sus intervenciones. No se puede decir exactamente lo mismo del cuerpo de baile, por momentos descoordinado y falto de expresividad, aunque clavaron algunas de las danzas 'supersónicas' del espectáculo. Hay que destacar que los bailarines brillaron más por separados en sus correspondientes danzas, donde demostraron su auténtica entrega, que en sus intervenciones en conjunto. Sobraban, eso sí, algunos bailes que no aportaban demasiado a la historia, como la danza oriental, al contrario que la española o la china, divertidas y técnicamente exquisitas.

Aunque ciertamente, los protagonistas de esta velada fueron los niños de Belén. Una escuela de música y danza que cada vez tiene más presencia en los espectáculos del Villamarta. Los pequeños, totalmente metidos en su papel, se integraron perfectamente en el Ballet, coordinados en sus actuaciones, a pesar de que para muchos de ellos era su primera vez en un escenario. El vestuario y el desparpajo de los niños provocaron sonrisas y murmullos en el público, que aplaudió entusiasmado toda la puesta en escena. Un sueño hecho realidad para ellos, como tocados por la barita mágica de su querido Drosselmeier.

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