Chispa: "Hace 16 años que me falta mi marido, pero Camarón sigue ahí"

  • El madrileño Corral de la Morería acogió la presentación del libro 'La chispa de Camarón', donde la viuda del cantaor de San Fernando cuenta que "era muy sencillo pero muy difícil: era un genio"

"José era un niño precioso. Rubio con el pelo rizado, muy delgadito… Cuentan que era como un rabo de lagartija, no estaba quieto… Salía de su casa y se metía en las de las vecinas pidiendo pan. En ese momento era la alegría de la casa", cuenta Dolores Montoya, 'Chispa', en La chispa de Camarón, libro que ha escrito la viuda del cantaor junto al periodista isleño Alfonso Rodríguez, y que fue presentado ayer en el tablao flamenco madrileño 'El Corral de la Morería'.

Editado por Espasa, en gran formato de lujo, el libro es la vida de Camarón contada por su viuda, pero también por las hermanas del cantaor isleño y de algunos de sus amigos más cercanos, como Raimundo Amador, Lolita Flores, Niña Pastori, Pansequito, Kiko Veneno, Pepe de Lucía, etc…, con la ausencia inexplicable de Paco de Lucía por mucho que el coautor revelara que estaba grabando en el extranjero y que Chispa destacara la escasa relación personal que tenía con el guitarrista algecireño.

Pero, ante todo, es la palabra de Chispa, que ayer, rodeada de medios de comunicación y en lo alto de un tablao en el que triunfó por fandangos el mismísimo Camarón -según recordó la bailaora y propietaria del local, Blanca del Rey-, explicó que el libro no era como otros que se habían escrito, contado por terceros "sobre lo que dice y piensa la gente" sino desde la cercanía de quien, de entrada, puede decir: "Hace ya 16 años que falta mi marido. Claro, me falta mi marido, pero Camarón está ahí; la gente lo quiere y lo recuerda".

Dolores Montoya, acompañada por algunos de sus hijos, que se mantuvieron en un segundo plano, habló con franqueza y naturalidad en todo momento: "(Camarón) era muy sencillo y muy fácil, pero muy difícil: era un genio". "Es muy difícil escribir su vida y hacer una película como han hecho", agregó la viuda de Camarón, que no se mostró muy conforme con la reciente cinta cinematográfica de su marido sin desmerecer, en ningún momento, el trabajo de los actores.

Ella limitó su testimonio a cuando entró con apenas 16 años en la casa de Camarón y hasta enviudar "con mis cuatro hijos muy pequeños". "Pero gracias a Dios, mis hijos son mayores, he casado a mis hijas y tengo mis nietos", sentenció Chispa, que se dio por satisfecha por "estar todavía aquí" después del tiempo que ha pasado.

Alfonso Rodríguez, el reportero isleño que, como dijo Chispa, logró convencerla, "machacándome un poquito un día, otro día", para ponerle letra a este libro, destacó que la obra era, sobre todo, un intento de darle respuestas a "los seguidores de Camarón que merecemos conocer la parte más íntima del cantaor".

El periodista dijo que Dolores Montoya "no tenía datos sino recuerdos desde el sentimiento, y hubo que excavar en la memoria", y subrayó los testimonios de Isabel y Remedios, hermanas del artista isleño, de la gente de las Callejuelas, y de sus amigos que forman parte de "un libro que es un ensayo de investigación novelado en la voz (principal) de Dolores". "Aportan datos importantes que nos ayudan para construir para la gente quién fue Camarón", explicó Rodríguez.

Según el coautor del libro, el cantaor isleño era "afable, cariñoso, especial, libre por encima de todo y de todos desde la humildad". "Vivió como quería: libre hasta el día de su muerte", agregó.

Y, como artista, participó decisivamente en "la conversión del flamenco ventero en el flamenco de tablao".

La chispa de Camarón se acompaña también de una reproducción de un concierto inédito de Camarón, "un documento sonoro donde se han respetado los murmullos, los comentarios del público, el ambiente que vivió en aquel concierto de verano de 1988, noche que ha quedado en la memoria de los partidarios y los paisanos de Camarón de la Isla", destacó la editorial.

Muchas de las fotos que aparecen en el libro -entre ellas la de la portada- han sido cedidas por el prestigioso fotógrafo gaditano Joaquín Hernández Conde, Kiki, histórico redactor gráfico de Diario de Cádiz.

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