La Ciudad invisible del Flamenco

Que la "Ciudad del Flamenco" no esté aún construida no debe extrañar ni a propios ni a extraños, un proyecto que se ha caracterizado por la megalomanía de una clase política que no hace otra cosa que mirarse el ombligo creyendo que Jerez es el centro del mundo y que todo el orbe gravita en torno a él, pero la "ciudad" no tendrá entidad e identidad mientras esa mentalidad no cambie.

La "Ciudad del Flamenco", seamos sinceros, es un boquete que no se sabe como rellenar, y que tardará lo suyo porque nació como gigante con pies de barro, una estupenda idea que vio la luz como Fundación Andaluza de Flamenco hace años pero que no llegó ni a su adolescencia, los políticos se encargaron de matarla para que en un acto de delirio se reinventaran algo más colosal en el tiempo: un espacio que se convirtiera en la casa solariega del arte flamenco pero que además sirviera para estimular el mercado laboral sin saber a ciencia cierta quién se iba a encargar de pagarla.

La "Ciudad del Flamenco" tal como hoy se concibe no es nada. Sé de las preocupaciones que tiene Paco Benavent en llevar adelante este proyecto y sé a ciencia cierta de la tenacidad que tanto le caracteriza pero es importante que dentro de su partido crean en la "ciudad" como institución que tiene alma, y no como un edificio al que hay que levantar.

Equivocados estamos si tenemos que esperar a que exista físicamente para dotarla de contenido, a estas alturas la "Ciudad del Flamenco" ya debería de estar aplicando esos principios que la impulsaron. El Centro Etnográfico de la Fundación Joaquín Díaz llegó a tardar varios años en ponerse en pie como edificio y, como era de esperar, no tuvo reparos en ubicarse temporalmente en un pequeño espacio del centro de Valladolid, mientras tanto, la distintas labores del centro no pararon, hoy ese centro no tiene parangón y, saben por qué, porque decidieron hacer la casa desde abajo.

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