Clarividencia

JOSÉ Rodríguez Tabasco era, en aquel 1988, el diputado del Área de Cultura de una Diputación de Granada que presidía José Olea Varón. Fue el que consiguió llevar a cabo la realización de una colección de Arte Contemporáneo que diera carácter de verdadera modernidad en materia artística a una provincia que , ya, estaba implicada en los parámetros de una cultura que, entonces, se sentía infinitamente más importante y necesaria de lo que se siente hoy, con lo cultural, más que en horas bajas, en unas grutas abisales hasta donde llega muy escasa luminosidad. Eran momentos de ilusión, de anhelos por asumir un tiempo que se necesitaba recobrar y rescatar lo que tanto se nos había privado. Aquellos políticos, con clarividencia y grandes dosis de entusiasmo, pusieron las bases para que, desde aquellos momentos, la Diputación Provincial fuera un verdadero referente en el arte más comprometido. Las exposiciones que llegaban al Palacio de los Condes de Gabia eran de primerísima categoría y, junto a ellas, fue tomando cuerpo una colección que permitía al pueblo el acercamiento de los mejores artistas del panorama granadino y, por extensión, regional y nacional - más tarde llegarían los importantes nombres del arte internacional - que recalaron en Granada haciendo mucho más diáfano aquel horizonte que se estaba configurando con ilusión y entusiasmo.

Aquella primera comisión de compras estaba compuesta, además de por los políticos mencionados, por una serie de personas que sabían lo que querían y que estaban al tanto de la realidad artística del momento. Yolanda Romero, probablemente, quien más ha tenido que ver con la importancia de la colección y de todo cuanto de bueno se ha hecho desde la Diputación en torno a lo artístico -ahora no se puede olvidar la esclarecedora labor de Paco Baena-; junto a Yolanda Romero, los pintores Miguel Rodríguez-Acosta y Jesús Conde, el coleccionista Miguel Ángel del Arco y los activísimos José María Rueda y Eduardo Quesada Dorador. Era, por tanto, una comisión de entendidos, no el arbitrario y, casi siempre, erróneo criterio del político de turno, la que iba a marcar las pautas para una colección que, se quería, tuviera como eje principal, Granada y sus infinitas circunstancias. Por eso, se empezó comprando obras de José Guerrero, Manuel Rivera y Manuel Ángeles Ortiz, autores míticos cuyas obras marcarían rutas por donde saber moverse y hacerlo sabiendo a qué atenerse.

La colección fue creciendo en cantidad y calidad; se buscó piezas y autores que tuviesen una cierta vinculación con Granada. Se trajeron a artistas de verdadera trascendencia, realizando algunos obras, ex profeso, para la aquella realidad artística que estaba tomando unos rumbos muy espectaculares. Luis Gordillo, Eduardo Arroyo, Joan Hernández Pijuán, Miguel Ángel Campano, Soledad Sevilla, Rosa Brun, Eva Lootz, Guillermo Pérez Villalta y un larguísimo etcétera que, junto a los granadinos, entonces, más ilustres, Miguel Rodríguez-Acosta, Vicente Brito, Juan Vida, Julio Juste, Pablo Sycet, Santiago Ayán, Alejandro Gorafe, Valentín Albardíaz - nuestro eterno recuerdo- y un largo etcétera, fueron artistas que llenaron de entusiasmo creativo una colección y que sirvió para que, con el correr de los tiempos, la Colección de Arte de la Diputación, con Granada de fondo, fuese una de las más sensatas, bien conformadas y mejor valoradas, por lo menos, de Andalucía. Y todo por aquellos que, con el mayor de los entusiasmos, supieron tener la clarividencia necesaria para que una feliz e ilusionante idea, se convirtiera en una tangible realidad. A todos ellos, le estaremos inmensamente agradecidos. ¡Admiremos la muestra y dejémonos llevar, nosotros, también por el entusiasmo de aquellos que la pusieron en marcha!

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