Coleccionistas

Recientemente se han recuperado unos manuscritos e impresos datados entre los siglos XVI y XVIII, robados de varias iglesias palentinas. Todo gracias a la investigación policial que, hurgando en Internet, logró descubrir el 'pastel' cuando los ladrones intentaban vender las piezas a través de este transitado medio, tratando de pasar desapercibidos. Igualmente Internet es un curioso cajón de sastre donde cada vez más, en esta ocasión de manera legal, se fraccionan, difuminan, y definitivamente pierden grandes colecciones, sobre todo buenas bibliotecas privadas de las que fallecido el propietario, los herederos tratan de sacar con la más absoluta discreción, pingües beneficios. Hablando de colecciones, siempre me han atraído los coleccionistas, esas personas que en un momento determinado de sus vidas dedican todos su esfuerzos (no escatiman dinero pero en ocasiones tampoco riesgos personales), para conseguir ese elemento que siempre les falta para completar su colección, aunque misterios de la vida, nunca parece ser el último para cerrar definitivamente la misma. Es más, en ciertos momentos de mi vida he podido pasar por un aprendiz de ellos. Recuerdo cuando me dio por comprar viejos álbumes de cromos, y llegué a reunir una pequeña colección. No dio tiempo para más pues rápidamente me atacó la fiebre de comprar tebeos antiguos, de los que reuní algunas colecciones completas. Pero no había manera, todo lo que empezaba terminaba siendo relegado por una nueva afición. Tapones de botellas de champagne, pin de feria, libros impresos con marcas de agua en el papel, soldaditos de plomo… He tardado mi tiempo pero he descubierto finalmente que no tengo madera de coleccionista. Me falta lo esencial, la constancia y un nivel de disponibilidades económicas que nunca alcanzaré. Pero volviendo a los coleccionistas, lo que me maravilla de estos que lo sacrifican todo para conseguir la mejor colección de lo que sea, cuadros, coches de época, una biblioteca de incunables, es que parecen no escarmentar de la experiencia. No conozco ningún gran coleccionista cuyo legado tenga el reconocimiento de los futuros herederos. Si acaso para deleitarse cuando desmembrado el 'tesoro' lo ofrezcan, quizás por Internet, para que otros ¿coleccionistas? se hagan con los jirones y la rueda pueda seguir girando.

Ramón Clavijo Provencio

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