El Colegio de Estudios Mayores de la Santa Cruz, Fundación de San Juan de Ávila (y III)

V AMOS ahora a centrarnos en la organización académica del establecimiento docente. Se impartía en primer lugar Gramática y Latinidad, después las Artes, que atraía mayor cantidad de alumnado oyente, y para finalizar Teología, imprescindible para los clérigos. En torno a estos estudios estaban instituidas las distintas cátedras, de las que tenemos testimonios: Cátedras de Latinidad, Artes y Teología. Estas materias hubieran necesitado tres profesores, uno por facultad o cátedra, y otros tantos pasantes o lectores. Con todo, la enseñanza cíclica permitía que un mismo profesor pudiera recorrer todo el ciclo con los tiempos previamente marcados, reuniendo a todos los alumnos, y es posible que al principio se hiciera así. Más adelante, no vuelve a hablarse sólo de un maestro sino de al menos dos: entre ellos Gaspar López y Diego de Morón, uno se encarga de enseñar Artes y Teología, y otro Artes y Humanidades, Latinidad o Gramática, con sus correspondientes pasantes; sin los cuales no hubiera sido posible salir adelante con estos estudios. Con todo, las dificultades económicas, la fundación de otros establecimientos docentes o la entrada de alumnos de San Juan de Ávila en órdenes religiosas, dejaron a menudo a Gaspar López solo en su labor. Tras la desaparición de este ejemplar maestro, se dejó de dar Teología en la Santa Cruz; será el Convento de Santo Domingo el que abrirá sus aulas a un alumnado heterogéneo de clérigos, frailes y seglares, y en la Colegial se crea una cátedra magistral de Escritura, según los dictados de Trento.

El número de alumnos que asistió al colegio de la Santa Cruz en su medio siglo de vida no fue escaso y no sólo eran jerezanos, sino procedentes de otras poblaciones de la comarca. Los resultados fueron óptimos, en el orden moral y académico, a pesar de que el salario del profesorado no era el que se debía en justicia con unos hombres que procuraban tantos beneficios culturales a la ciudad. A continuación vamos a dar un somero repaso a algunos de los regidores de este centro, de los que tenemos ciertas noticias documentales. San Juan de Ávila, impulsor y regente del colegio entre 1539 y 1541. Le sucede el ya mencionado maestro Gaspar López, del que tenemos una serie de datos, con los que no podemos precisar el fin de su actividad en el colegio, que debió durar quizá hasta 1568. Le sigue en este desempeño el maestro Juan de León, discípulo de San Juan de Ávila y miembro de la Compañía de Jesús; que fallece en 1566, y creemos que actuaría como regente en alguna de las ausencias de Gaspar López, y como auxiliar del mismo en dos cursos de Artes y en cuatro de Teología. El maestro Diego de Morón comienza su magisterio en 1567, rige el centro en 1568 y se mantiene en su labor hasta al menos 1582; le auxiliaba como pasantes el bachiller Ramírez, y los licenciados Fernando Guerrero y Fernando de Herrera. Este licenciado Herrera será el siguiente de la lista, con actividad constatada antes de 1586, con un paréntesis en su labor en torno a este año y el de 1588, en que ocupa su puesto el licenciado Fernando Guerrero, hijo del bachiller Ramírez. Tras la estancia de ambos en el centro educativo, Herrera fue beneficiado de las iglesias jerezanas y Guerrero llegó a ser doctor y magistral de la colegial en 1603, este último muere en 1621.

El principio del final del establecimiento docente fue el largo pleito que el colegio mantuvo con el vecino convento de monjas de 'Sancti Spiritus' de San Cristóbal. Siempre habían deseado estas religiosas extender su monasterio a las casas vecinas, para así poder comprarlas, por lo que en junio de 1573, ocupan de manera sorpresiva y violenta el edificio de Artes del colegio de la Santa Cruz: el miércoles, 24 de junio, las monjas tiraron el muro frontero entre ambos edificios y cerraron con ladrillos una puerta que dividía unas estancias de la escuela. Con ánimo exaltado ante tanta violencia, el maestro Diego Morón intenta salvaguardar su derecho, y acude al Corregidor y al Alcalde Mayor. El asunto podría arreglarse y se habría solucionado con la recuperación de las antiguas estancias para sus alumnos, pero la ciudad ya proyectaba dar a Santo Domingo lo que iba perdiendo la Santa Cruz. Bien es cierto que el edificio nunca debió ser sólido ni vistoso, por lo que atraía mejor a la juventud jerezana el nuevo proyecto escolar dominicano.

Ahí hay que encontrar las causas de la desaparición de este colegio de estudios mayores; por lo que se genera la carencia de maestros, la disminución progresiva de alumnos, la ruina del edificio y la falta de apoyo por parte del pueblo y del Consistorio. Sin rentas, se disminuía, cuando fenecía el siglo XVI, el interés de los potenciales estudiantes. En el momento en que desaparece el colegio de la Santa Cruz, hay en Jerez otros establecimientos de su misma naturaleza y mejor montados. Es el caso del mencionado colegio de Santo Domingo, que recibía gratuitamente alumnos de Arte y Teología, o el colegio de la Compañía de Jesús, en el que se fundaban grandes esperanzas con profesores brillantes y canónigos magistrales, e incluso el colegio de la Merced, que comenzaba en esa época sus cursos de Artes, a los que también acudían seglares.

Para finalizar, proponemos, tal como hizo Hipólito Sancho hace medio siglo, un homenaje que el pueblo de Jerez debe a San Juan de Ávila, quizá una placa conmemorativa en San Cristóbal podría recordar al establecimiento docente y a su fundador.

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