Crítica de Cine cine

Conmovedora tragedia grotesca

madame marguerite

Drama, Francia, 2015, 127 min. Dirección: Xavier Giannoli. Intérpretes: Catherine Frot, Christa Théret, André Marcon, Michel Fau. Guión: X. Giannoli, Marcia Romano. Fotografía: Glynn Speeckaert. Cines: El Centro.

La personalidad de Florence Foster Jenkins (1868-1944) es tan extravagante y trágicamente divertida que se ha convertido en una leyenda sobre la que se han publicado libros, escrito obras de teatro y rodado dos películas, esta Madame Marguerite y otra pendiente de estreno, dirigida por Stephen Frears e interpretada por Meryl Streep. ¿Quién era esta señora? Una millonaria cuya pasión por el canto no fue acompañada por sus cualidades vocales. Su dinero le permitió herir los oídos de audiencias que se partían de risa escuchando sus alaridos desafinados. También los grabó en disco, pagando naturalmente ella los gastos. Para colmo de males diseñaba los ridículos atuendos con los que actuaba en sus recitales y galas benéficas para la alta sociedad neoyorquina. Y al final de su vida incluso para audiencias más extensas, ya que las terribles críticas de prensa despertaban la divertida curiosidad del público. Un año antes de morir actuó en el Carneggie Hall. El director y guionista Xavier Giannoli le ha cambiado el nombre por el de Marguerite Dumont y se la ha llevado al París loco de los años 20, convirtiéndola en una baronesa que, como la mujer real que inspira la historia, se deja sus dineros, su prestigio y hasta su vida cantando horriblemente mal ante audiencias elegantes que simulan apreciarla, advenedizos que se aprovechan de ella y -toque original de esta película- artistas surrealistas que encuentran en ella un filón para sus provocativos espectáculos de cabaret. Giannoli ya mostró su interés por los juguetes rotos del espectáculo (Chanson d'amour, en la que Depardieu interpretaba a un veterano chansonnier, y Superstar, en la que un desconocido se convierte de pronto en un personaje popular) y por la impostura (Crónica de una mentira). Aquí une los dos intereses en el conmovedor y trágico-grotesco retrato de este personaje capaz de creerse sus propias mentiras y vivir en una realidad paralela sin que casi le lleguen los ecos de las risas y burlas que sus pocas dotes para el canto desatan. Su marido y sus amigos intentan que no despierte de su sueño. Los anarquistas surrealistas la hunden aún más en la irrealidad. Y al final le espera la realidad: el público no amigo, no cómplice, no interesado por piedad o por interés en mantener la mentira. Y, lo que es peor, su propia voz.

Xavier Giannoli da una melancólica emoción -a ratos un poco Wilder, a ratos un poco Fellini- a esta historia grotesca con la complicidad de una extraordinaria Catherine Frot. André Marcon está perfecto como el marido harto y entristecido a partes iguales, Denis Mpunga compone un fiel servidor que podría recordar al Von Stroheim de El crepúsculo de los dioses y un hilarante Michel Fau al cantante de ópera Atos Pezzini. Una bella, emocionante y dolorosamente divertida película.

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