Contextos yuxtapuestos

 NO es este un pintor demasiado omnipresente en los circuitos artísticos al uso, sin embargo, es un artista curtido en una profesión que conoce y de la que sabe sacar un serio partido para desentrañar una pintura muy bien estructurada y portadora de muy buenos planteamientos. 

Francisco Manuel Ibáñez Bernabé es un artista jerezano no habitual en los mentideros artísticos de esta ciudad y que ya ha cubierto presencias de importancia en medios expositivos de cierta significación. En su pintura encontramos un dominio de la estructura compositiva, sabiendo conjugar contenido y continente y dotando a ambos de acertadas disposiciones donde la yuxtaposición es sabia y, además, bella. Por eso, en su obra es fácil adivinar que nos encontramos ante un buen pintor, un ejecutor correcto de los entramados materiales que buscan felices resultados, un autor que deja entrever muchas circunstancias de una pintura que se nos antoja muy bien ejecutada para que desarrolle planteamientos significativos de profundidad y enjundia creativa.

Las obras de Ibáñez Bernabé se encuentran distribuidas en un caleidoscopio de imágenes que lejos de interferir su potestad significativa complementan circuitos visuales que ilustran distintos paisajes de una historia presentida, que marcan variadas rutas interpretativas y que, al mismo tiempo, dejan en suspenso retazos de posibles relatos apenas intuidos. Son historias insinuantes pobladas de imágenes cuya conexión se establece aleatoriamente desde la mirada cómplice del espectador. 

La muestra, variada en su conjunto, nos lleva por ilustraciones de situaciones de muy amplia naturaleza. Escuetas siluetas de unos caballos con más evocaciones pretéritas que actuales se suceden con obras donde imágenes, también, de variada filiación, asumen una significación de imposibles, con un acertado juego de presencias y ausencias.

La galería lebrijana –nuestro mayor reconocimiento a Bruto Pomeroy, por apostar, con lo que está cayendo, por un espacio donde se apuesta por una realidad cultural y artística tan necesaria como exigible– que lleva el afortunado nombre de El Viajero Alado, eterno homenaje al gran Fernando Bellver, nos sitúa en los parámetros de un artista al que se necesita en los ambientes creativos y expositivos; un artista que sabe muy bien lo que tiene entre manos y que transita por una pintura convencida y convincente; una pintura que establece poderosas referencias para saber a dónde acudir para no equivocarse demasiado –la verdad absoluta no existe en el Arte–.

Feliz encuentro con la pintura de un autor que hace de la figuración un establecimiento abierto donde la realidad desarrolla más argumentos que los fáciles de una concreción cerrada. 

FRANCISCO M. IBÁÑEZ 

Galería EL VIAJERO ALADO

LEBRIJA

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