Decepción entre los colaboradores del 'Diccionario biográfico'

  • Profesores de la Universidad de Cádiz confirman que la Real Academia de la Historia exigió directrices de "neutralidad" en la elaboración del proyecto

Pues parece que nadie vigilaba a los vigilantes. La polémica -y casi hagiográfica- entrada sobre Francisco Franco en el Diccionario biográfico proyectado por la Real Academia de la Historia (RAH) sólo responde a lo inexplicable. No se entiende cómo semejante texto pudo pasar los criterios de "neutralidad" y desapego que, en teoría, se exigía a todos los colaboradores del proyecto, ni cómo fue capaz de ir más allá de la comisión que, en teoría, controlaba los trabajos.

"El sentimiento generalizado es de decepción -comenta el profesor de la UCA Antonio Serrano Cueto, uno de los expertos consultados para la elaboración del Diccionario-. Semejante desliz echa por tierra el trabajo de muchos colaboradores, en un proyecto que se ha estado gestando durante años".

Serrano Cueto -que participa en la obra con tres entradas sobre latinistas del siglo XVI- subraya que la objetividad y el distanciamiento del personaje se incluían en la normativa que la RAH enviaba a los colaboradores, y no comprende "cómo no se ha controlado, primero, el perfil de quién colabora y qué entrada cae en sus manos". Para el profesor de Filología Clásica, "da la impresión, tras escuchar las entrevistas a Luis Suárez, el director de la Real Academia de Historia, de que a determinadas personas, vinculadas con los académicos o que contaban con cierto prestigio, no se las sometió al filtro previsto...".

Apunta Antonio Serrano Cueto que al menos, cuando empezó el proyecto en 2006, "sí que aparecía en la web un comité organizador, formado por ocho o diez expertos en distintas disciplinas. Y, bueno, aunque a mí no me han corregido nada de las entradas, me consta que hay a quienes sí les han puntualizado cosas".

"Sin embargo -continúa-, este tipo de comisiones son de difícil desarrollo porque, claro, un medievalista no puede, o no se atreve a hablar con rigor de un autor del siglo XVIII. Imagino que habrán revisado los expedientes por encima y, si no han visto cosas muy de bulto, les han dado paso".

Para Serrano Cueto, además, en toda esta polémica se están sobredimensionando otras cosas "como el dinero que se ha gastado la Academia en este asunto, que además procede de la época de Aznar, y que es algo de inútil discusión, porque la mayor parte de la inversión se refiere a los gastos de impresión, y no puedes pretender que un proyecto como este esté exclusivamente on line -explica-. Hay quien dice que aquí se ha enriquecido mucha gente, que hay algún autor con 900 entradas... En mi caso, puedo decir que he cobrado 40 euros por un folio y 60 por dos".

En un trabajo, claro está, cuyo principal atractivo residía en el prestigio asociado a la colaboración. Residía. Pretérito imperfecto. Va a ser difícil realizar un lavado de cara tras semejante filtración: "Tal vez se deberían volver a imprimir esos 25 volúmenes... -comenta el filólogo-. Si algo así se ha podido escapar, quién sabe lo que puede aparecer en otras figurar delicadas, como Hitler o Fidel Castro".

Según indica Antonio Serrano Cueto, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz han participado "un montón de profesores", algo que da idea de lo "inmenso" del proyecto.

Manuel Antonio Díaz Gito, otro de los profesores de la UCA que ha colaborado en el Diccionario biográfico -con sendas notas sobre Juan Cristóbal Calvete de Estrella y el arzobispo Pedro Castro de Quiñones- confirma que, desde la RAH, se difundieron directrices de neutralidad entre los expertos, aunque no le "consta" que desde la institución se hayan hecho correcciones a los textos enviados. "Para nosotros -comenta- ha sido algo penoso tras casi cuatro años esperando. Y soy de la opinión de que debería existir una revisión de todos los autores, no sólo de los más polémicos, pero sobre todo, de los más contemporáneos. Habría que prestar atención a quién se encargan este tipo de entradas porque últimamente, además, se está dando bulo a una corriente revisionista muy resbaladiza".

"Entiendo que es mucho trabajo -prosigue Díaz Gito-, pero al menos un comité de historiadores debería haber hecho una revisión exhaustiva. Y, si no se ha hecho, ahora sería el momento de crear un comité que revisase toda la obra, de principio a fin, aunque esto supusiera un retraso en la publicación. Pero que, al menos al final, lo que se publicara fuera lo más cercano posible a una obra objetiva, cosa sobre la que ahora hay dudas".

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