Crítica de Cine

Divertidísima comedia: ¡viva el teatro de boulevard!

no molestar

Comedia, Francia, 2014, 79 min. Dirección: Patrice Leconte. Guion: Florian Zeller. Fotografía: Jean-Marie Dreujou. Música: Éric Neveux. Intérpretes: Christian Clavier, Carole Bouquet, Valérie Bonneton, Rossy de Palma, Stéphane De Groodt, Sébastien Castro, Christian Charmetant.

A los cinéfilos jóvenes -si aún los hubiera o hubiese- les puede parecer que es un desperdicio o un descenso a la trivialidad que firme esta amable, muy teatral y divertidísima comedia el prestigioso Patrice Leconte de Monsieur Hire, El marido de la peluquera, La chica del puente, La viuda de Saint-Pierre o El hombre del tren. Pero eso es porque han olvidado que entre 1976 y 1987, en la primera década de su ya larga carrera -tiene 68 años-, sólo rodó comedias más bien olvidables. Y que desde entonces, alternándolas con estos títulos de prestigio, siguió rodando comedias ligeras. Por lo tanto es natural que se dejara tentar por la obra teatral -una auténtica pièce bien faite (obra bien hecha) que desde el XIX ha dado tantos éxitos al teatro de boulevard o burgués francés- del joven novelista y dramaturgo Florian Zeller, estrenada en el Theatre Antoine en 2013 con un reparto distinto al de la película. En lo demás, desde la adaptación hecha por el propio Zeller hasta el decorado casi único que le da su encantador aire teatral, la película es absolutamente fiel a la obra.

Un loco del jazz, que vive para disfrutar de su colección de discos y para buscar viejas grabaciones, no puede gozar de un tesoro por las continuas interrupciones durante una mañana nefasta en la que ha encontrado un disco buscado durante años. Esa mañana, no otra, su mujer tiene que hablarle de los problemas de su hijo y, lo que es peor, de otros más personales. Su hijo -un vago antisistema treintañero- tiene que meter en la casa a una familia numerosa asiática sin papeles. Sus pacientes tienen que hablarle de sus dolencias. Su amante -que es la mejor amiga de su mujer- tiene que sincerarse con él para aclarar su situación. Su criada tiene que empeñarse en hacer limpieza en el sancta sanctorum del cuarto en que atesora y escucha sus discos. Y unos albañiles polacos que en realidad son portugueses, además de no muy hábiles, llevan a cabo una calamitosa obra en su casa. Para que no falta nada, la comunidad ha organizado una fiesta de vecinos... ¡en su casa!

El protagonista es un vividor egoísta contra el que todas las mentiras de su vida parecen rebelarse en esta jornada horrible en la que todo saltará por los aires mientras el tipo no piensa más que en poder oír su disco. Además del teatro burgués de las obras bien hechas hay un lejano eco de Molière y otro no tan lejano de Louis de Funes en esta destrucción del cerrado universo del egoísta vividor. Buenas interpretaciones, sobre todo del protagonista absoluto, Christian Clavier, entre las que se cuenta la de nuestra Rossy de Palma (¿un guiño almodovariano?). Inteligentemente breve -apenas una hora y veinte-, desafiando el decorado único, No molestar es una muy divertida e ingeniosa comedia.

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