Donaciones de museo

  • Desde la creación de las juntas de patronato en 1913, la pinacoteca ha recibido cientos de piezas, sobre todo en la primera mitad del siglo XX

La donación hace unos días al Museo de Cádiz de su primer y único trampantojo -de 1720- por parte de la familia del artista Francisco Gallardo, remueve la historia de los fondos de la pinacoteca provincial gaditana. De aquellos que han sido legados a lo largo de las décadas por artistas, familiares de artistas, particulares, instituciones o asociaciones vinculadas al mundo de la cultura.

El Museo de Cádiz atesora una imponente lista de joyas artísticas firmadas por conocidos y desconocidos autores -en buena parte expuesta en su colección permanente-, de la que se tiene constancia desde principios del siglo XX. Y aunque fue un siglo muy prolífico en captación de obras -fundamentalmente en su primera mitad-, no ha cesado el goteo artístico. Del trampantojo que ya cuelga en los muros del espacio museístico, a nada menos que la donación única y muy singular que Carmen Martínez de Pinillos hizo de su casa en 2006, actualmente convertida en la ampliación del Museo de Cádiz.

El director de la pinacoteca habla de este verbo, donar, cuyo gesto ha cambiado con el tiempo. Del simple hecho de depositar, a los cauces de selectivos a los que hoy se enfrentan. "Antes se aceptaban, sin más. Ahora aparte del informe que se envía desde el Museo justificando la conveniencia de contar con esa obra, alabando sus cualidades artísticas y analizando cómo encajan en el conjunto, tiene que pasar ante una junta de expertos de la Consejería de Cultura, que es quien decide", explica.

Alonso de la Sierra hace una radiografía de las aportaciones realizadas en la historia más reciente del Museo de Cádiz desde que comenzó a funcionar las Juntas de Patronato a partir de un Real Decreto de 1913 para la administración de museos.

En la memoria más fresca tenemos, aparte del trampantojo, la litografía Vista de la flota saliendo de Cádiz para Trafalgar, actualmente expuesta dentro de la sección Museo oculto, en una donación también de este año.

Unos años antes, en 2010 y 2012, la Asociación de Amigos del Museo de Cádiz brindó dos piezas que, de momento, "permanecen como depósito, pendientes de la realización de los trámites pertinentes", aclara. Una de ellas es el pequeño lienzo de Filippo Palizzi, Retrato de caballero con barba y escrito (siglo XIX), y el grabado de Hoefnagel, Vista de Cádiz, del XVI.

En 2008 el hijo de Francisco Prieto legó la pintura Cobijadas de Vejer de la Frontera, aunque ya llevaba unos años depositada aquí.

Remontándonos unos años más en el tiempo, hay que recordar la pintura de Miró titulada Peinture, que Carmen Romero y Felipez González ofrecieron en 1996.

Unas décadas atrás, otras de las más generosas dotes atesoradas en la plaza de Mina fue la de María Martínez de Pinillos en 1964, de la que César Pemán, exdirector de la pinacoteca, hizo una pequeña publicación en 1966. Se trata del busto en mármol blanco de Mariano Benlliure de La infanta Doña Isabel de Borbón y la pintura El rosario de la Aurora (1912), de José García Ramos, expuesta junto a la anterior. Se suma un tríptico de Luis de Morales del siglo XVI; una pequeña tabla flamenca de San Jerónimo Penitente y dos tapices, uno flamenco del siglo XVI y otro de Beauvais, de 1730.

Por su parte Luis Siravegne donó a mediados del XX una colección de dibujos de Francisco Domingo Marqués y su hijo Roberto Domingo Falloa, aparte de incluir un apunte de Benlliure y otro de Sorolla, narra Alonso de la Sierra.

Entre las piezas donadas por los propios artistas destacan la de Felipe Abarzuza, Paisajes de La Barrosa, o Retrato de una señora, de Godoy y Un golfo y gaviota, de Horacio Lengo.

También hay material procedente de familiares de pintores, entre los que destacan los donados por la viuda de Godoy, que dejó siete obras como Dar de comer al hambriento; La iglesia de Santo Domingo de Cádiz; En el calabozo y Puerta Tierra, etc. La viuda de Morillo también legó un autorretrato, mientras que un beneficiado de la Catedral regaló otro retrato que le hizo Godoy. Un apartado en el que brilla el retrato de Micaela Aramburu de Zuloaga, donada por sus hermanos.

Es reseñable el legado de una importante colección de piezas arqueológicas de un notario de Arcos, Miguel Mancheño, que también donó la terracota La casta Susana, de Gabriel Astorga.

Por citar un último ejemplo, una de las piezas que lucen en Casa Pinillos es un espejo monunmental de Rosado fue figuró en el gabinete preparado para Isabel II cuando se hospedó en Diputación. Una de las pinceladas de la historia gaditana que revive en el Museo de Cádiz gracias a la donación.

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