Eco de La SalleCuatrocientos

Lectores sin remedio

"COMO ves, amable lector, soy una modesta revista escolar, que me sacan de las tinieblas a la luz....". Así comienza una publicación que, auspiciada por los tres colegios lasalianos de nuestra ciudad, ve la luz en febrero de 1945. De periodicidad mensual, desde un principio sus creadores se preocuparon para que si no beneficios, al menos no supusiera pérdidas económicas, y obligaron a suscribirse a todo el alumnado de los tres centros (San José, Sagrado Corazón y Buen Pastor), pagando por anticipado una peseta por cada cuatro números. Esto no era nuevo en los círculos docentes jerezanos, pues ya en el siglo XIX el Instituto Provincial (el germen de El Coloma) obligaba a los alumnos a entregar dos libros para la Biblioteca al matricularse o al abandonar el colegio. Los suscriptores de honor, "mantenedores de la revista", pagarían de 5 a 10 pesetas mensuales. Otros tiempos…, ¡cómo se estiraban aquellas pesetas..!.". Profusamente ilustrada y repleta de cuadros honoríficos del alumnado, la bendición eclesiástica y el agradecimiento al patronazgo abren el primer número, con sendas fotografías del arzobispo de Sevilla, el famoso cardenal Segura, y de la marquesa de Domecq, doña Carmen Núñez de Villavicencio, respectivamente. Para quien haya estado en algún colegio de los Hermanos de la Salle en Jerez, no importa la época, la publicación que tengo en mis manos es, sin duda, un diamante en bruto. Es imposible, en breves líneas, resumir la gran variedad de contenidos que alberga la revista. Sinceramente, hay algunas secciones donde no tienen desperdicio ni los signos ortográficos. Valga como ejemplo los consejos que, cuando llegan las vacaciones estivales, se les ofrecen a los alumnos. Después de enumerar un sinfín de logros que pueden perderse durante los días de asueto (la costumbre de madrugar, el gusto por el aseo y la buena presencia, el amor a la disciplina o la alegría de la infancia), el educador se desliza con algunos sabrosos consejos para el verano: "si has de salir de casa para darte algún paseo, que sea siempre con permiso de tus padres y que éstos sepan siempre donde te encuentras". Igualito que ahora. O esto otro: "durante las vacaciones, tendrás a menudo que tratar con personas desconocidas: eso te procurará excelentes ocasiones de practicar las reglas de cortesía que has aprendido en la Escuela". Los padres tampoco escapan del "repaso", sobre todo los de aquellos alumnos "perezosos, que se les podía llamar huérfanos aun teniendo padres..." En fin, como digo, una joya para lo lasalianos. Gracias que Soto Molina, don José, se encargó de que Eco de la Salle no faltara de sus anaqueles, y hoy está disponible en la Red de Lectura Pública de Jerez.

Natalio Benítez Ragel

ES fama que cuando se extendió por Europa la lectura de "Las desventuras del joven Werther", de la misma manera una epidemia de suicidios invadió el viejo continente; más lejos de la intención del gran J. W. Goethe que su novela provocara tal devastación en la juventud europea. Los amores del apuesto Werther hacia la hermosa Carlota, tan desesperados como imposibles, le llevan a ese callejón sin salida que es su propia autodestrucción. Les confieso que yo leí a una edad muy sensible a estos asuntos del corazón esta novelita de Goethe, en la colección de RTVE-Salvat, cuyos ejemplares por aquellos prehistóricos años costaban 25 pesetas, ni que decir tiene que aún conservo (lo tengo ahora entre mis manos) el nº 15. Y aquí sigo; lo que quiere decir que, a pesar de los deletéreos efectos que produjo ese libro, a mí, aunque aún recuerdo la honda impresión que me provocó, ni siquiera se me pasó por la cabeza el suicidio, prefería ahogar mis penas de amor con bocadillos de tortilla (estaba en una edad muy mala). ¿Se preguntarán los autores el efecto que pueden producir sus libros en los lectores? La inmensa mayoría juran y perjuran que no escriben para un determinado tipo de lector, pero seguro estoy de que una de las mayores satisfacciones que se le puede dar a un escritor es que le diga alguien que su libro le dio ánimos para seguir viviendo, o que encontró un enorme consuelo después de una desgracia. Sin ir más lejos, una de las últimas confesiones de Mario Conde ha girado sobre este aspecto: en la cárcel -dice- se leyó unos cuatrocientos libros; entre tantos, seguro que muchos le reconfortarían, muchos otros le harían la vida más llevadera, privado de libertad, y que otros, esperemos, le hayan hecho mejor persona. Sin embargo, hay políticos que o aprenden demasiado de sus lecturas o no han leído nunca un libro que los haya puesto o devuelto a la realidad. Hace unas semanas el Consejero de Trabajo de la nuestra imparable Junta se dejaba caer diciendo que aún mantenía el objetivo de pleno empleo para el 2013, lo mismo estaba bajo los efectos de esas novelas de ciencia ficción que recrean un mundo tan lejano como imposible; y el exsecretario general de CCOO, y hoy reconvertido en flamante diputado del PSOE, Antonio Gutiérrez, en este mismo periódico comentaba que "los mecanismos de la codicia cada vez son más sofisticados", seguro que una de sus lecturas preferidas son los diálogos de tendencia cínica de Luciano de Samosata. A más de uno habría que darles el tiempo suficiente como para que puedan leerse cuatrocientos libros. José López Romero

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