Crítica de Cine cine 1944

Ejemplar y emocionante drama bélico

Bélico/drama, Estonia, 2015, 100 min. Dirección: Elmo Nüganen. Guión: Leo Kunnas. Fotografía: Rein Kotov, Mart Taniel. Música: Jaak Jürisson. Intérpretes: Märt Pius, Mait Malmsten, Ain Mäeots, Magnús Mariuson, Kristjan Sarv.

El odio de los estonios hacia los alemanes y los rusos, y el hambre de estos por devorarlos, se remonta al siglo XIX. En 1918 lograron derrotar a los alemanes que les habían invadido durante la Primera Guerra Mundial y en 1920 al Ejército Rojo que pretendía anexionarlos a la recién nacida Rusia soviética. Pero su independencia duró poco. En 1939 el pacto entre Hitler y Stalin los entregó a los rusos junto a Letonia y Lituania. Cuando el pacto se rompió en 1941 y estalló la guerra entre la Alemania nazi y la Rusia comunista, miles de jóvenes estonios fueron obligados a enrolarse en el Ejército Rojo. En 1941 Estonia fue invadida por los nazis y otros muchos jóvenes estonios fueron obligados a enrolarse en las divisiones de las SS o lo hicieron voluntariamente para luchar contra el ocupante soviético; para descubrir que estaban al servicio, no de un libertador como decía la propaganda nazi, sino de otro ocupante. El conflicto adquirió así el complejo y trágico carácter de una guerra civil entre estonios que, buscando su independencia, acabaron siendo engañados o forzados por los dos totalitarismos. Tras la guerra cayó sobre ellos la dictadura soviética y, con ella, las deportaciones masivas y las purgas.

De esta tragedia trata esta severa, inteligente y sensible película que tiene la capacidad de reproducir dramáticamente este complejo contexto histórico en hora y media de proyección. Una carta sirve de eje entre sus dos partes. La escribe un joven estonio alistado en las tropas de las SS tras haber vivido la deportación de su familia a un gulag y la encuentra otro que sirve en las filas del Ejército Rojo. Ni uno es nazi ni el otro es comunista. Ambos representan la tragedia de esta tierra desgarrada por las ambiciones de las dos grandes potencias y la de los estonios obligados a luchar en una guerra que, además de no ser suya, enfrentaba a hermanos contra hermanos. El realizador y actor Elmo Nüganen, que en Nombres en mármol (2002) había abordado la guerra de independencia estonia contra la Rusia comunista desarrollada entre 1918 y 1920, trata de este otro gran momento de la historia de su país con un rigor ejemplar y una admirable ecuanimidad que sitúa la solidaridad entre los connacionales y sobre todo la compasión humana por encima de las ideologías totalitarias que despersonalizan y desarraigan para convertir a los seres humanos en autómatas asesinos. Sería extraordinario y sanador que un director español lograra aproximarse a este enfoque al abordar nuestra Guerra Civil, en tantos sentidos alentada o incluso dirigida desde Berlín y Roma o Moscú. Aunque nuestro caso no sea tan dramático como el de la Estonia disputada durante dos siglos por Alemania y Rusia.

Nüganen inserta perfectamente las historias personales que ponen carne y sangre, rostro y emoción, en el marco histórico. Y tiene la rara habilidad de representar cuestiones política y humanamente complejas a través de unos pocos planos que ahondan la percepción de la película. La mirada de un soldado al expirar clavada en los ojos horrorizados del que le da muerte, uno no sabiendo por qué muere y el otro ignorando por qué mata. La figura y la mirada también -en esta película los campos de batalla espectacular y eficazmente representados se alternan con un soberbio uso dramático del primer plano- del comisario político. La historia de la chica por dos veces herida, y desde dos bandos distintos, por una misma guerra fratricida. La voz en off muy bien combinada con la muy buena banda sonora de Jaak Jürisson que incluye un extraordinario y conmovedor Agnus Dei de Cyrillus Kreek (1889-1962), uno de los mayores representantes del nacionalismo musical estonio. Las sobrias interpretaciones. Todos los elementos se ordenan con eficacia, sabiduría y sensibilidad para construir un gran film bélico que, como la famosa Sin novedad en el frente de Remarque, citada en la película, sirve como denuncia intemporal y universal del sinsentido y los horrores de la guerra; a la vez que da a conocer en profundidad el drama que desgarró a Estonia durante la Segunda Guerra Mundial. No den la razón a quienes tan rácanamente la distribuyen y exhiben, y vayan a verla. El futuro de este cine inteligente, humano, emocionante y también entretenido depende de ustedes, del público.

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