Emotiva despedida de Rincón en la plaza que le vio torear de niño

  • El diestro colombiano ofrece una lección de toreo, corta dos orejas y sale a hombros junto a Luis Bolívar en el mano a mano de la feria de Cali

Momentos inenarrables se vivieron en la despedida de Rincón en la plaza de Cali. Diecisiete mil aficionados,que llenaron los tendidos del coso colombiano, mostraron su orgullo con una gran ovación cuando César Rincón era despedido al abandonar el ruedo en medio del cortejo de honor que hicieron subalternos, areneros y monosabios mientras del cielo caía una tupida lluvia de confeti.

El maestro colombiano toreó su última corrida en la plaza que le vio torear de niño, con apenas once años, y donde realizó muchas de las grandes faenas de su larga vida torera. Incluyendo esta última que fue antológica y que le premiaron justamente con las dos orejas.

Lo de César Rincón fue todo un compendio de sus veinticinco años de matador. Sensacional toreando al tercero en series de infinita calidad por bajo y en redondo. Y todo un tratado de técnica y manejo de las distancias en el quinto manso, que remató con un soberbio volapié y del que paseó triunfal las dos orejas.

Para bien de la Fiesta en Colombia Luis Bolívar demostró ser el sucesor del trono. Así lo dejó claro en su primero donde dictó una completa cátedra de torear bien con el capote y la muleta. Faena muy completa en la que sobresalieron las series de mano muy baja y el efectivo remate con la espada que le valieron las dos orejas y la salida a hombros de la plaza.

En los otros dos toros de su lote anduvo muy en torero, haciendo las cosas con seriedad y entrega. Muy sentido y aplaudido fue el brindis que hizo al maestro César Rincón en el último toro.

Mucho dejaron que desear los toros de Alhama, de aceptable presencia, pero cuatro de ellos con claros signos de mansedumbre. Hubo dos toros aplaudidos en el arrastre, uno de vuelta al ruedo, el segundo de Rincón y en el que escuchó dos avisos. Al momento de matar, el toro le pegó un varetazo en la clavícula, recibiendo una aparatosa cogida al rodar por el suelo, pero sin consecuencias.

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