La ciudad de la Historia por Eugenio J. Vega Geán Y Fco. Antonio García Romero

Enigmas jerezanos, Martín de Vargas y el Priorato de Sion (y III)

CONCLUIMOS en este tercer artículo con el relato que hace el padre Hélyot en su monolítica obra, de la labor del teólogo y reformador jerezano Martín de Vargas. "El Papa ordenó además que después de la muerte de Martín Vargas, los religiosos de Monte de Sión, y Valbuena y de los otros monasterios, que en lo sucesivo llevarían a unirse a estos dos monasterios para hacer una misma congregación, elegirían un reformador al cual acatarían. El mismo Eugenio IV revocó en el año de 1437, el privilegio concedido por el Papa Martín V, que sometía a los religiosos de esta nueva Observancia al abad de Poblet, después de que al reformador le dio el derecho de confirmar la elección de este reformador: El sumo pontífice ordenó que en el futuro este derecho pertenecería al abad del Císter, que visitaría en persona los monasterios de la Observancia sin poder comisionar a otro. Como se esperaba que el número de monasterios aumentaran, se hizo unos reglamentos para el gobierno de la congregación.

Se ordenó que los capítulos generales se celebrarán cada tres años, que todos los superiores se en contrarían con los procuradores todos sabíamos, que serían elegidos por cada monasterio con el fin de que la autoridad del reformador, que en ese momento todavía era perpetua no fuera tan grande. Se colocarían seis definidores al presidente del capítulo para dictar reglamentos adecuados para el buen gobierno de la congregación entre los cuales definidores el reformador sería el primero; que todos los religiosos del cuerpo del capítulo elegirían aquel debería presidirlo, y que, para la primera vez, sería el arzobispo de Toledo.

Aunque Martín de Vargas con trabajaba con un celo infatigable para el avance espiritual y temporal de la congregación de la cual fue el fundador, Todavía le quedaba mucho que sufrir, ya sea por parte de sus religiosos ya sea por parte de algunos otros que no estaban por la Observancia. Esto es lo que los escritores de esta congregación no han podido explicar. Sin embargo parece ser que aparentemente la persecución partió de la parte de sus propios religiosos puesto que fue en el convento de Monte Sión donde fue hecho prisionero y donde falleció en el año 1446".

El padre Hélyot no relata las circunstancias concretas que llevaron a la reclusión y el fallecimiento de Martín de Vargas. El propio Damián Yáñez Neira afirma "sorprende que tanto la cuna como el sepulcro de Fr. Martín de Vargas estén rodeados de oscuridad". El Císter protestó, pero la reforma, como hemos visto, contó con el apoyo de Eugenio IV. A pesar de eso, el Capítulo General, excomulgó a Martín de Vargas. Sin embargo, el Papa Eugenio, refrendó la nueva Congregación de Castilla. El Capítulo excomulgó a Vargas por segunda vez. El Císter no podía consentir la creación de una nueva orden paralela e independiente surgida de ella. La orden reformada por Martín Vargas, del Priorato de Sion (Monte de Sion, 1425-1505), se mantuvo gracias al papado. Eugenio IV lo apoyó hasta su muerte.

"Después de su muerte se ordenó que en el futuro, el reformador sólo sería por tres años en este oficio, y se eligió a Martín de Cubas. La congregación no hizo grandes progresos durante cuarenta y cinco años y no fue compuesta más que por las dos casas de Monte de Sión y Valbuena.

Pero bajo el gobierno de Bautista Ocaña, que fue elegido en el año 1469, los monjes de la abadía de Huerta, de la Diócesis de Sigüenza después de la renuncia del abad comendatario, adoptaron la Observancia.

En la siguiente congregación se convirtió un número considerable de los monasterios que se presentan, y de religiosos obtenidos de los colegios en varias universidades de España. El más grande de los monasterios que abraza la Observancia fue el de Palazuelos en la diócesis de Palencia. El cardenal Antonio, obispo de Palestrina (pequeña ciudad situada al sur de Roma), que era su abad comendatario, lo pone de nuevo en manos del Papa Julio II, que lo une a la congregación de la Observancia regular (Císter), en el año 1505. Fue la primera de las ocho que el Papa Eugenio IV le había concedido, y en el capítulo general, que se llevó a cabo en 1550. Se ordenó que el reformador tuviera siempre su residencia y la calidad de abad de Palazuelos. Hay también otros monasterios importantes que dependen de esta congregación, como los de Santa María de Melón en Galicia, Herrrera-Sandoval, San Pedro de Gumiel, Valdedios, Osera y varios otros.

Hay también algunos conventos de monjas que abrazan esta observancia. El primero y el más importante es el de Santa María la Real, cerca de Valladolid, llamado comúnmente, de las Huelgas, y que había sido construido a imitación del de las Huelgas de Burgos, también bajo el mismo nombre de Santa María La Real, por María, reina de Castilla, viuda de Sancho IV.

La diferencia que hay en la ropa de los religiosos y religiosas de esta congregación, de los otros religiosos de la orden del Císter, es que los de la congregación de España llevan el cinturón de lana blanca, mientras que los otros tienen uno de lana negro. Los de España no hacen voto de estabilidad y los abades del monasterio lo son sólo tres años; comen solamente tres veces carne a la semana, y jamás cenan, quizás porque hay poco pescado en Castilla".

Al final del capítulo, el autor describe con todo lujo de detalles el escudo de armas de esta congregación. Es lo que me permito denominar la 'singularidad heráldica'. Dice Pierre Hèlyot: "Cede congregation porte pour armes d'azur a une barre chiquetee d'argent et de sable, accom­pagnee de dent fleurs de lis d'or, rune en chef, Fissure en pointe".

La traducción que me ha facilitado de estas palabras mi amigo Xavi García (dibujo heráldico) es la que sigue: "Esta congregación tiene como armas un escudo de azur, con una barra jaquelada de plata y sable, acompañada de dos flores de lis de oro. Runa en jefe y grieta en punta".

Lo primero que llama la atención de este escudo es que incorpora una runa (letra del alfabeto de los pueblos germánicos), hecho, sin duda poco corriente en una orden o congregación. Luego, difiere notablemente del escudo original de la Orden del Císter. Pero lo cierto es que el escudo de la orden de Martín de Vargas, tiene dos cosas en común con los escudos de armas de otros dos reyes contemporáneos de su época, como son el rey de Francia Carlos VII (1422-1461), y el rey de Nápoles y Jerusalén, René d'Anjou (1409-1480). En los tres escudos 'el campo' es azul y los tres poseen como emblema la flor de Lys dorada.

Al final del capítulo se destaca una breve reseña bibliográfica en la que aparece citada, entre otras, la obra de Ángel Manrique: Anales de la Orden Cisterciense.

Conclusiones: El presente artículo ha demostrado la existencia de, al menos, un Priorato de Sion (Monte de Sion), históricamente documentado desde su fundación. El Priorato (1425-1505), fundado por Martín de Vargas en Castilla.

También queda demostrado en virtud del punto segundo de la bula de Martín V 'Pia supplicum vota', (1425), ('los prelados de la nueva observancia en vez de abades se denominarán priores'), que, en ningún caso podría existir orden o congregación alguna con fecha anterior a 1425, que tuviese por nombre el de 'Priorato'.

Por último, no es descartable en absoluto, que una escisión de una orden antigua, tomara igualmente ese nombre, pero siempre con posterioridad al año 1425.

Alberto M. Cuadrado Román

Centro de Estudios Históricos Jerezanos www.cehj.org

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