Estadísticas

No es que yo sea poco amigo de las estadísticas, como se confesaba mi compañero de página y amigo Ramón hace unos días, pero me acerco a ellas con la natural prevención del que sabe que los datos son siempre relativos, y muchos de ellos no dejan de sorprendernos, sobre todo porque no llegamos a explicarnos cómo se pueden medir conceptos tan abstractos como inmensurables. Si poco creíbles son los diez kilos (por poner una cifra) de pollo que todo español se come al año, más difícil nos resulta creer esas estadísticas que miden el grado de felicidad de los países o de las comunidades; por no hablar de las que analizan y cuantifican las relaciones sexuales, en cuyos números nadie termina por verse reflejado. Pero ¿cómo se mide el nivel cultural de un país o incluso de una ciudad? Supongo que, como en todo, hay parámetros establecidos y objetivos, al margen de la típica encuesta a pie de calle o casa, que nos pueden ofrecer esos índices de forma más o menos exacta. Y aunque no he hecho averiguaciones, el número de salas de espectáculos (cines, teatro, etc.), salas de exposiciones, bibliotecas, librerías, instituciones de carácter cultural, publicaciones, etc. así como la cantidad de actividades que en esos espacios se desarrollan y la de usuarios que acuden a ellos, son los marcadores quizá más rigurosos para llegar a conclusiones sobre el nivel cultural de la ciudad; marcadores a los que sin duda habría que añadir el número de establecimientos docentes y su oferta educativa. Si así fuera (y espero o creo no andar muy descaminado), nuestra ciudad no saldría mal parada en una hipotética estadística. La oferta cultural, en mi opinión, si nos ajustamos a los parámetros antes señalados, es variada y amplia; y si a diario le echamos un vistazo a la agenda cultural de este mismo periódico, lo comprobaríamos. Quizá el factor que en este caso puede hacer bajar esos temibles índices, sea el humano. Y en Jerez, como en toda ciudad, muchos de sus habitantes se mueven o por su apetito, y no precisamente cultural, o por la novedad o novelería. Y ante eso, yo prefiero ponerme a leer en mi casa, a resguardo de índices, números y estadísticas, en las que no me siento reflejado, ni en las del pollo ni en las sexuales ¡faltaría más!

José López Romero

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