Flamenco

Esteban Guerrero 'Caracolillo', una apuesta por Cádiz

  • El cantaor gaditano actúa el próximo viernes en la Central Lechera

Su nombre ha empezado a sonar no hace mucho, pero de forma tan insistente como relevante. En primer lugar, debido a su manera de acaparar premios en tan sólo unos meses, pero, sobre todo, -y esto es lo importante- porque su forma de cantar remite con calidad y fidelidad a los cantes de Cádiz. Una excelente noticia, pues.

Con las hechuras cantaoras que exhibe, parece claro que Esteban Guerrero Aragón, Caracolillo de Cádiz no ha salido de las piedras. Nacido en 1977 en el Barrio del Balón, este gaditano viene a constituir la tercera generación de una familia de artistas. Su abuelo es Francisco Guerrero Caracol de Cádiz, que fuera cantaor, además de agente artístico, y que giró con Pepe Pinto en la época gloriosa de la Ópera flamenca. Su tío continuó la saga familiar y, con esos antecedentes, el propio Esteban se rebelaría pronto como niño prodigio, llegando a cantar en público con seis o siete años acompañado a la guitarra por El Niño de los Rizos. De adolescente, también luciría como saetero llegando a actuar en Canal Sur TV y ocupando cartel en los Jueves Flamencos de la peña Enrique El Mellizo cuando aún se celebraban en el desaparecido Club Náutico (1995).

Por razones que no vienen al caso, Caracolillo se apartó durante unos años de la carrera artística, pero no así de una afición que mantiene incólume. Sólo basta preguntarle por sus gustos para constatar que, aunque sin cantar en público, ha mantenido encendida la llama. Los nombres de Caracol y Antonio Mairena son los primeros en acudir a la memoria, pero la cara de Esteban Guerrero se ilumina al citar los de Manolo Vargas, Aurelio, Chaqueta y La Perla. Eso, en cuanto a los desaparecidos, porque, de entre los vivos, no se le escapa mencionar a Rancapino, Juan Villar, Felipe Scapachini y, sobre todo, al chiclanero Antonio Reyes, un amigo al que admira y que se encuentra detrás de su decisión de volver a cantar. De él admira su flamenquería y la gran afición, algo que comparten y que les reúne en interminables veladas de charla y cante. Del resto del panorama cantaor contemporáneo, Caracolillo prefiere no pronunciarse en tanto no le es de utilidad para el estilo que él persigue.

Tiene, pues, claramente definido su camino este recuperado cantaor gaditano que valora de igual forma el pellizco que el color en el cante, y que admira la coherencia y honestidad de los viejos artistas insobornables citando aquella frase de Chocolate en la que se enorgullecía de no haber traicionado jamás al arte. Con esos fundamentos, no resulta, pues, extraño que, cuando Caracolillo de Cádiz se ha puesto a la faena, se lo haya llevado de calle y cuente sus apariciones por triunfos. Primero fue en el Concurso Nacional de Cante por Alegrías del pasado año donde se alzó con el premio para los cantes libres con la interpretación de la malagueña de El Mellizo, el mismo estilo para también ganar en el Certamen de Alcalá de Guadaira. Pero, sobre todo, su triunfo más apreciado fue el del Memorial Camarón de la Isla que obtuvo el pasado 1 diciembre, con la curiosidad de haber acudido a la final tras haber participado en el espectáculo de Toma Castaña en el Gran Teatro Falla. También Caracolillo participó en el homenaje que se le tributó el pasado verano en el Teatro Pemán al cantaor Manuel Gerena y en el Homenaje a los Maestros de su amigo Antonio Reyes el mes pasado en el Teatro Moderno de Chiclana. En todos estos casos, el cantaor ha ido con los estilos de Cádiz por delante y cosechando excelentes críticas.

El próximo viernes, Esteban Guerrero, su particular encierro con siete astados, los siete estilos que tiene preparados para su actuación en la sala Central Lechera. Esa noche, Caracolillo, con el acompañamiento de Joaquín Linera El Niño La Leo va a interpretar soleares de Cádiz con recuerdo a las de Alcalá, alegrías, la malagueña mellicera, seguiriya gaditana, que en su opinión es la de El Viejo de la Isla; tientos gaditanos, unos fandangos y el remate por bulerías. Un repertorio amplio que debe servir para afianzar las virtudes que muestra este cantaor.

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