Estrella Morente entona coplas a la muerte de su padre

  • La granadina protagoniza un concierto abrasador ante el público londinense, que contempló la inédita estampa de ver su duelo y resurgimiento en apenas 90 minutos

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Un recital como un lamento, un concierto como un bálsamo, un recuerdo tan vivo que se palpa. Allí en el barrio de Triana, ya no hay plumas ni tinteros pa yo escribirle a mi padre que hace tres meses que no lo veo. Con el corazón en la garganta y la emoción desbordada cerró Estrella Morente un recital que será recordado para siempre por los suyos, que la arroparon en el escenario; por el público, que disfrutó cada minuto, cada cante, cada mirada al cielo; y por ella, que se desquitó en Londres de un duelo que la había apartado de los escenarios hace tres meses. La actuación de Estrella en el Sadler's Wells de Londres para la inauguración anoche de la octava edición del Flamenco Festival en la capital británica fue la de la desnudez de un corazón que se recompone pedazo a pedazo y que necesita del aliento y del ole para seguir vivo. Llegó Estrella de luto, arropada por los suyos -los Carbonell a la guitarra, el cariño del hermano pequeño, Kiki, a los coros junto a Ángel Gabarre y Antonio Carbonell y la percusión de Popo- y arrancó con un martinete que era puro duelo jugueteando con las voces, como tantas veces hizo su padre. Una mirada al cielo buscando el asidero de la vida, una vestal de luto lorquiano, el poeta que tantas veces cantó su padre, el poeta al que Estrella acude ahora también para buscar consuelo: Empieza el llanto de la guitarra, es inútil callarla, es imposible callarla. Llora monótona, como llora el agua, como llora el viento sobre la nevada. Es imposible callarla.

Y es que, a pesar de que estaba previsto que interpretara el espectáculo del disco Mujeres, la de anoche no era una ocasión para seguir la senda prevista, los cánones estipulados, los programas cerrados cuando todo estaba igual. Como hiciera Jorge Manrique -Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando- Estrella Morente llevó al cante el dolor por la pérdida de la figura que guió sus pasos como hiciera el poeta castellano en las Coplas a la muerte de su padre. "Mi padre me enseñó a convertir la tristeza en arte y a apoyarme en el trabajo, a buscar el camino para sobrevivir cerca de la cultura y del arte ", declaró la artista horas antes de subirse al escenario del teatro.

Con todas las entradas vendidas de un teatro de 1.700 localidades, tuvo que ser Londres la ciudad que le acogiera en su regreso a los escenarios desde que el pasado 13 de diciembre su vida se paralizara. Y le cantó a su padre por tangos de Graná, por malagueñas y por soleá sentada y en todos estos cantes, que son bálsamos que restañan heridas, la muerte se asomaba. Se me ha aparecido la muerte, cuando hoy intenté olvidarte para decirle luego: Si pregunto por quién doblan del convento las campanas, diles que doblan por tu estampa, mi muerte, a mis muertos esperanza.

Estrella no jugó a esconder la lágrima, a evitar la emoción que abrasa la garganta, muy al contrario. Su emoción contagió a un público que vibró con cada tema, con cada recuerdo de la memoria de su vida, que es la de su padre, que es la de todos aquellos que le amaron en vida. Como Popo, que dejó la percusión para bailar una soleá que sabía a homenaje de madrugadas eternas -borracho de amor, borracho de alcohol- y Antonio Carbonell, su cuñado, que acarició la guitarra con lágrimas en los ojos.

Un lamento que dejó paso al fulgor de una Estrella renacida, vestida con una bata de cola rojo clavel por Vittorio&Lucchino, bellísima, pasional, puro fuego para evocar el recuerdo de su Granada natal, de su padre, de su vida: Granada es como una rosa que duerme con el sol y anochece con la luna.

Con el auditorio puesto en pie y frente a un público que contempló la inédita estampa de ver el duelo y el resurgimiento de una mujer en apenas 90 minutos de concierto, Estrella cerró la velada con la hondura del martinete. Llorando, sin voz pero con el corazón de Morente en la boca, terminó clamando: Porque morir es natural yo no le temo a la vida porque no sé dónde iré a parar, le temo a la cabeza mía. El flamenco, en verdad, es universal y patrimonio de la Humanidad.

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