Expectativas cumplidas

  • La sección joven del American Ballet Theatre demostró su potencial en una noche donde sólo faltó alguna pieza clásica

Acabo de asistir a una representación del ABT II en el Teatro Villamarta. La compañía está haciendo una gira por Europa y nosotros hemos tenido el privilegio de tenerlo así de cerca.

Yo estaba encantada de poder ver esta compañía, y me había creado unas expectativas muy altas que en la mayoría de los aspectos se han cumplido. Había una pureza sobre el programa que fue inspirador: Un escenario desnudo, trajes maravillosos pero simples que dejaban resaltar la brillantez técnica de los bailarines, una mezcla inteligente de ballet clásico y contemporáneo. Y lo más importante, un grupo de jóvenes bailarines a punto de entrar en la vida profesional.

ABT II es una pequeña compañía clásica de trece jóvenes bailarines de un potencial excepcional. En su decimosexta temporada, ABT II se prepara para introducir estos bailarines en el American Ballet Theatre y ofrece oportunidades para el surgimiento de nuevos coreógrafos y compositores. A través de representaciones nacionales, clases magistrales y residencias académicas, ABT II trae toda la emoción del contacto directo con una compañía profesional.

Los bailarines, de edades comprendidas entre 16 y 20 años son escogidos de todo el mundo. Los bailarines del ABT II se entrenan en este programa antes de unirse a la compañía principal del American Ballet Theatre o de otras empresas líderes profesionales nacionales e internacionales.

La pieza de Jerome Robbins de una duración de unos 15 minutos, 'Interplay' y la música de Morton Gould fue un buen comienzo para el espectáculo. Los bailarines lo interpretaron tan bien: las relaciones entre los bailarines en el escenario eran palpables. Esta pieza debe haber sido un desafío técnico para los bailarines que lo estrenaron en 1952, cuya formación fue menos intensiva que la de los bailarines del ABT II. El colorido vestuario de Elizabeth y Harriett Aymong y las luces de Ronald Bates fueron muy eficaces.

La bailarina Cara Marie Gary emocionó al público con su paso a dos en la segunda coreografía 'Pavlovsk'. Acompañada por Alberto Velázquez, interpretó un dueto romántico de Roger Van Fleteren en el que la elegancia destacó sobre todos los detalles técnicos.

En la segunda parte destacó la actuación de Aaron Smyth en la pieza 'Stars and Stripes', coreografía de George Balanchine y música de Hershey Kay sobre John Philip Sousa. Este bailarín se desplazó por el escenario a ritmo de saltos y piruetas técnicamente casi inmejorables con un aplomo digno de un primer bailarín. Acompañado por Alys Shee dieron un punto cómico que rompió durante unos minutos con el estilo elegante del montaje.

Para terminar, la coreografía 'A Taste of Sweet Velvet' oscureció el escenario que había estado lleno de luminosidad durante la hora y media anterior.

Fue una noche maravillosa en general a lo que solo le faltó algo de repertorio clásico como un 'Lago de los Cisnes' o un 'Quijote' y es de esperar que sirva de inspiración para el gran número de estudiantes que acudieron anoche al teatro desde las escuelas de Jerez y alrededores.

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