Fandiño ratifica su capacidad

  • El torero vasco, herido en la mano derecha, impresiona en su confirmación

El diestro vasco Iván Fandiño, con el que las empresas apenas cuentan, demostró ayer en Las Ventas, en su confirmación, su gran capacidad para ser torero, con varias cualidades concretas, como valor sereno y buenas maneras. Torero que tomó la alternativa el 25 de agosto de 2005 en Bilbao, de manos de Julián López El Juli y que desde entonces ha bregado con corridas durísimas, sin apenas una oportunidad de verdad, se entregó sin medida en el coso madrileño, en una tarde clave para la que ha esperado casi cuatro años. A la postre, el espada de Orduña estuvo en torero en todos los aspectos. Y todo ello, con un lote imposible para el lucimiento, con dos toros que le buscaron constantemente para segarle su carrera y su vida.

Iván Fandiño confirmó con Catalán, castaño, de 545 kilos, un manso que por el pitón izquierdo se tiraba al pecho y por el derecho llegó a meter la cara en un par de series, en las que el diestro vasco demostró sus buenas maneras. La primera de ellas, serie maciza, con derechazos rotundos y mandones, hilvanados con ligazón. La siguiente, muletazos de mano baja. Pero el toro se rajó de inmediato. Fandiño demostró, aguantando algunas coladas escalofriantes sin moverse, que el astado tenía un instinto depredador por el pitón izquierdo.

Con la bestia de 635 kilos que cerró plaza, un burraco que siempre buscó al torero para reventarle, Iván Fandiño, muy firme y solvente, consiguió robar algunos pases, hasta que la avispada fiera le propinó un volteretón tremendo. La mansísima condición del animal le libró de la tragedia. La fiera no le embistió cuando yacía, vencido, en la arena. Fandiño se llevó también, como propina, un tremendo pitonazo en la mano derecha. Entró a matar como un león, propinando una estoconazo. Como premio, recibió únicamente una fuerte ovación antes de pasar a la enfermería.

En una tarde de ganado de desecho, en una corrida podrida, descastada, mansa, y de pésimas ideas de José Luis Pereda, Morenito de Aranda también dio una gran medida de sus posibilidades. Con un lote mansísimo, estuvo más que digno. Tragó una barbaridad con el tercero, un animal incierto, brusco, que saltaba tras la muleta como si fuera un felino y cumplió en el trasteo al quinto, un mulo con cuernos.

Por su parte, Antonio Ferrera pasó sin pena ni gloria. Cosechó ovaciones en el tercio de banderillas, con derroche físico, destacando en su segundo, con un par en los medios, que clavó tras un quiebro, y con otro al cambio, entrando por los adentros. Con su primero, manejable y soso, no hizo nada destacable con las telas, dando un mítin con la espada y en el otro, de mejores condiciones, cortó su labor ante la bronca del público por la flojedad del animal, al que mató de feo bajonazo.

Es una pena que tanto Morenito de Aranda -quien ya ha contado con más oportunidades- como Iván Fandiño, que se estrenaba como matador de toros en Madrid, no cuenten con apenas oportunidades. La tarde fue para Fandiño, quien corroboró en su confirmación capacidad y condiciones para ascender en el escalafón superior.

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