Luis Fernández- Galiano entra en la Academia de Bellas Artes

El arquitecto Luis Fernández-Galiano ingresó ayer en la Academia de Bellas Artes con un discurso en el que desveló las claves del nuevo mundo construido y que lleva como título 'Arquitectura y vida: el arte en mutación'. "La renuncia a lo superfluo en la arquitectura y en la vida puede ser una fuente de belleza y de placer", manifestó en su intervención. Al acto asistieron los arquitectos Norman Foster, Eduardo Souto de Moura y Dominique Perrault así como José Ignacio Wert, ministro de Educación, Cultura y Deporte, y Jesús Prieto, director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas.

El discurso, estructurado en tres secciones, insistió en primer lugar en la necesidad de situar la arquitectura en el más amplio de los marcos posibles y plantea una reflexión: "El esfuerzo por evitar que el planeta pierda el equilibrio exige reconocer los límites del crecimiento, que tienen una importante dimensión energética". En su insistencia del respeto hacia el medio, vio preciso que en una sociedad "tan proclive al despilfarro" aparezca una cultura que vuelva a valorar "recintos de orden que ofrezcan protección y cobijo frente a un mundo inclemente". Para ello, es necesaria una arquitectura "de exigente calidad formal y rigurosa continuidad con lo existente, donde primen sencillez y economía de medios".

Con esta defensa como prólogo, Fernández-Galiano recordó el valor que tiene la ciudad para la vida humana, que constituyen "nuestro patrimonio más precioso". En este sentido, y al hilo de su defensa de un modelo de ciudad compatible con el medio, destacó la "urbe clásica mediterránea" como el "modelo de ocupación más susceptible de ser descrito como sostenible". El arquitecto hizo una llamada de atención al "enclaustramiento" que ha sufrido la ciudad durante los últimos años, "en el lazareto de los signos y los símbolos", sirviendo a una cultura del espectáculo.

El nuevo académico desveló, por tanto, las claves del nuevo mundo construido, el que, a su juicio, ha de mantener el equilibrio ecológico y debe entender la forma en la que la humanidad ocupará el planeta, porque, según sus palabras, "el aire o el agua tienen tanta importancia como la piedra, el vidrio o el acero".

Su discurso finalizó con un mensaje de optimismo, en el que vaticina algo de esperanza. "Una etapa de mudanza conlleva, mal que nos pese, fracturas sociales y dolor individual, pero puede engendrar una ciudad mejor, una arquitectura más depurada y unas artes más pertinentes", concluyó Fernández-Galiano.

Por su parte, en su contestación en nombre de la Corporación, el arquitecto Rafael Moneo, ensalzó la dedicación a la enseñanza del nuevo académico y aseguró que su labor como profesor de arquitectura "ocupa un lugar preferente en lo que ha sido su actividad profesional". Para Moneo, Luis Fernández-Galiano "propone una visión de la arquitectura que tiene presentes las conquistas del conocimiento científico, dando paso a que la arquitectura no excluya la noción de energía".

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