XII festival de jerez

Flamenco viejo cargado de futuro

  • José Menese ofreció un gran recital en la Bodega de los Apóstoles ante un aforo casi lleno

Menese es un racionalista cartesiano, canta luego existe. Y es manierista, aunque no en el sentido peyorativo del término usado en el Renacimiento para designar a aquellos artistas que pintaban 'a la manera de'. De una personalidad inconfundible, pese a ser mairenista a más no poder, el de la Puebla de Cazalla es maestro por acumulación. Muy pocos en el arte jondo tienen en su haber tantas publicaciones discográficas como él -una treintena de discos-. Menos son aún los que se han preocupado por reescribir la partitura cantaora, al tiempo que él creaba versos quiméricos con su paisano, ojo derecho y letrista de cabecera, Francisco Moreno Galván. O cuando decidió rescatar toda la lírica del Siglo de Oro para cantar a Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Góngora…

También hay escasez de compromiso en este tiempo y en otros anteriores. En cambio, Menese es un hombre comprometido con su momento vital y artístico. Enfrentado al franquismo, logró que no le censuraran haciendo de la necesidad virtud, y empleando el método del lenguaje en clave, metafórico, sólo inteligible para el receptor de alma pura. De igual modo, introdujo y difundió el flamenco en las universidades y entre un nutrido grupo de intelectuales -en lo último hay otra conexión con Mairena-. Y pese a todo ello, es cierto que a nivel institucional no se ha reconocido y valorado en su justa y amplísima medida la contribución que viene haciendo, desde hace más de cuarenta años de trayectoria artística y exploración arqueológica, al mundo del flamenco, en particular, y del arte, en general.

La noche del pasado sábado Menese retornó a Jerez, a Los Apóstoles, para dar su lección magistral que no por vista y oída deja de resultar siempre interesante. Con humildad, con inherente didactismo, con sobrado talento, deleitando a quienes no se conforman con el sota, caballo y rey imperante, y a quienes siempre quieren dejarse sorprender. Para obtener ese objetivo, desplegó y ejecutó el itinerario básico de sus recitales clásicos e introdujo nuevamente algunos de los cantes en desuso que ha conseguido recuperar en todo este tiempo.

Melancólica queja de los tiempos centelleantes que corren en el taranto Como en volanda (La pureza del cante, 2002) que sirve de pórtico de entrada al recital. Continuidad con la mariana de Miguel Vargas, Entorna la puerta (A Francisco, 2005). Compás binario y botón de muestra del conocimiento que atesora de los cantes atávicos, "cantes que están perdíos, y hay que mantenerlos porque son cantes hermosos", según dijo. Los caracoles Tocan a leva y la rondeña Como llegaron a arder, ambos incluidos en La puerta ronda (1995), condujeron el recital hasta desembocar en el cante grande, en la pureza suprema de la soleá y la seguiriya que imprime la voz límpida de Menese.

Antes, hay que hacer mención especial al acompañamiento exquisito de Antonio Carrión, que lució especialmente en ese palo tan agradecido para el toque como es la rondeña, pero que se mostró impecable durante toda la noche. Afinada, rauda y enérgica, la del tocaor sevillano es una de esas sonantas de relieve, que merecen por sí solas un espacio propio. Su dominio y contención le hacen ideal para el acompañamiento, pero las falsetas de Carrión dibujan un clima cálido y corpóreo individual.

El núcleo duro de la velada fue nuevamente la soleá seguida del imperio seguiriyero de Menese, "el cante más difícil que hacía como nadie uno de aquí: Manuel Torre". Que tu corazón y el mío pusieron a repicá… Moreno Galván en unos versos dolientes, en los que se mastica desamor y nostalgia. Cierre mairenero bajo el compás de la bulería por soleá y paso a la máxima expresión de la tragedia jonda. Su ya tradicional seguiriya con remate por toná liviana, aquellos míticos Caminos de Bollullos... que compusieran, probablemente al alimón, Mairena y Juan Talega.

En la vida, y más en el mundo de las artes, da gusto comprobar cómo aún sobreviven personas, creadores, artistas, que se mantienen fieles a unos principios de forma inquebrantable, incapaces de traicionar a sus ideales y que mantienen la evolución desde dentro, desde lo que se conoce y mediante la recuperación o rescate de lo que se desechó siglos atrás. Menese sigue reivindicando su derecho a expresarse libremente, a desprenderse del rigor mortis de la comercialidad y la dictadura de lo efímero, del consumo rápido. Y como artista inquieto que es, no se conforma con un repertorio de letras y palos estereotipados, sino que va más allá. Y eso que agradecemos. Porque con conocedores y portentos como Menese, el flamenco, el que se conoce y el que está por descubrir, puede ser un arma cargada de futuro. Un arma, a la forma de Celaya, con la que Menese te apunta al pecho. Poesía como el aire que respiramos y el cante que espacia cuanto lleva dentro.

FICHA

Cante: José Menese. Guitarra: Antonio Carrión. Día: 23 de febrero. Lugar: Bodega Los Apóstoles. Aforo: Casi lleno.

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