Fosforito canta su legado

  • La última Llave de Oro del Cante participa en el 50 aniversario de la Cátedra con una memorable lección magistral en la que estuvo acompañado por el tocaor Antonio Soto

Hace unas semanas Bob Dylan fue recibido en la ciudad con honores de auténtica leyenda. Minesota está algo más lejos que Puente Genil, pero, ¿cómo se mide la valía de un mito; la importancia de tener en Jerez, cuna del cante (o eso dicen), a una leyenda viva del flamenco dando el do de pecho? La respuesta de público fue demasiado tibia en esta ocasión, pero el simple tarareo que recuperó los versos de En la Puerta del perdón estremeció. El cantiñeo de los tercios de su mítica y mística soleá apolá, con El Tenazas y Marchena merodeándolos, devolvieron un Antonio Fernández Fosforito primario, que deconstruyó el cante para brindar una soberbia lección al natural.

Dentro de los actos que la Cátedra de Flamencología ha preparado para conmemorar su quincuagésimo aniversario, al que muchos no han querido prestar la atención que tan señalada efeméride merece, la última Llave de Oro del Cante ofreció en la noche del pasado viernes, día de Santiago, una memorable lección magistral en la Sala Compañía. Un encuentro con uno de los grandes cantaores que ha dejado el siglo XX y un catedrático del arte jondo lúcido y vigoroso a sus 76 años. Un creador, en definitiva, en la sempiterna lucha interior por "explicar el hecho flamenco expresándolo con el sentimiento más profundo del alma", como señaló el propio maestro de Puente de Genil en un momento de la conferencia ilustrada que desarrolló en Jerez.

Antonio Machado Álvarez 'Demófilo', Góngora, Dámaso Alonso, Becquer, Quiñones, García Baena... Fosforito recurrió a un sinfín de escritores y poetas en su disertación para tratar de abordar y explicar el itinerario histórico, el recorrido existencial, seguido por el flamenco hasta desembocar en lo que es hoy, "ni mejor ni peor". Tratando de establecer, sin ánimo de ser preciso ni pedante, una cronología de hechos que demuestran que este arte hunde sus raíces en el "ancestral fondo sonoro andaluz", más allá de esa versión que fija sus orígenes en el XIX y en las referencias escritas que surgen de la mano de viajeros románticos, el cantaor se refirió a la evolución del cante como algo que se produce de forma "natural, que se ha ido produciendo dentro del propio cante y nutriéndose de la cadencia, el amor, la lágrima, la alegría, la muerte...".

Y estableció sus máximas: "Todas las voces valen" y "la colectividad no crea, las creaciones son siempre personales". Y se definió "reflexivo, temeroso, inquieto y consecuente con aquello que forma el cante que está en mi alma y en mi sangre". Palabra de maestro. Sabiduría enterrada en la mimética y el autodidactismo.

Con una voz erosionada por el tiempo, que lloriquea y tiembla por momentos, aunque con una hondura plena de sabiduría y misterio al decir el cante, el pontanés fue capaz de invocar a los ancestros y materializar sobre el escenario el espíritu del legado del que él mismo forma parte. Cantiñas, soleá, cantes de Levante, bulerías de Cádiz... Su repertorio fue reducido pero más que suficiente para ofrecer sobradas muestras de por qué su figura es tan alargada. En la travesía le acompañó la excepcional sonanta del malagueño Antonio Soto, poseedor de una guitarra personalísima dueña de falsetas plenas de musicalidad, armonía y heterogéneas texturas.

Doliente y recurriendo a las fuerzas de flaqueza para enfilar la velada, Fosforito demostró por qué el flamenco es un arte atemporal, telúrico y universal. Como el lamento de su taranto: "Porque ya no puedo más / las fuerzas me están faltando / ni siquiera este taranto / voy a poder terminar / por eso canto llorando".

Volver a ver y oír a Fosforito en Jerez, en la atmósfera de recogimiento de La Compañía, fue una experiencia similar a la de acudir a uno de esos enormes museos de alguna de las grandes capitales internacionales: hay que deleitarse con cada uno de sus rincones, almacenar recuerdos en la retina a marchas forzadas, pues uno nunca sabe cuando volverá a repetirse tamaño acontecimiento.

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