Crítica de Cine

Fragmentos (musicales) del discurso amoroso

Juliette Binoche, en una escena de 'Un sol interior'. Juliette Binoche, en una escena de 'Un sol interior'.

Juliette Binoche, en una escena de 'Un sol interior'.

Mientras esperamos ansiosos su anunciada película de ciencia-ficción con Robert Pattinson (High Life), el decimocuarto largometraje de la gran Claire Denis sale de las tinieblas (Les salauds) para reescribir y adaptar libremente los Fragmentos del discurso amoroso de Barthes en la forma episódica y flexible de una comedia (aparentemente) ligera protagonizada por una Juliette Binoche a la que volvemos a recuperar como un cuerpo vivo que transpira y titubea y como esplendoroso rostro de emociones infinitas. La cámara transparente de Agnès Godard lo escruta de cerca, buscando en sus pliegues, en sus ángulos y bajo su maquillaje desteñido por las lágrimas de la insatisfacción y el desengaño esa pequeña sinfonía de cámara desde la que ejecutar cada uno de los movimientos y ritmos de los vaivenes emocionales de una mujer de mediana edad que pasa de una relación a otra en busca de ese amor estable y verdadero que tal vez le dé sentido a su vida más allá de su condición de madre y artista.

Un sol interior se despliega así en una grácil estructura de tema y variaciones encabalgando encuentros, gestos y palabras (no por familiares menos precisas) que coquetean con los lugares comunes del discurso romántico, sus anhelos y sus frustraciones para darles una nueva vuelta desde la perspectiva de una feminidad en permanente estado de fragilidad ante la que el hombre, y por aquí desfilan de todo tipo y pelaje (en apariciones estelares, de Xavier Beauvois a Alex Descas), queda irremediablemente retratado al borde la caricatura. Una Binoche generosa y valiente salta de nuevo hacia adelante y se deja querer, observar y maltratar por una cineasta que sabe llevar cualquier asunto hacia lugares siempre nuevos. Y si en uno de esos lugares se puede rehabilitar al mismísimo Gerard Dépardieu, inmenso, dueño y señor del último tramo del filme péndulo en la mano, es que todo es posible.

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