Fran Gómez desoreja a un novillo extraordinario de Guardiola

  • El gaditano, de la Escuela de Jerez, se alza triunfador tras una faena desigual, bien rematada con la espada · Los otros cinco aspirantes se marchan de vacío

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Lo más interesante de la novillada celebrada el jueves por la noche en Sevilla fue el buen juego del encierro del hierro de Herederos de Salvador Guardiola. Sin duda, en manos más avezadas o más atrevidas, hubiera dado lugar a una lluvia de orejas. Pero dio la sensación de que a la mayoría de los alevines, que llegan en muchos casos con una técnica ya bastante sólida, les falta garra. En el segundo festejo de promoción se alzó como triunfador el gaditano Fran Gómez, que tuvo en suerte, en muy buena suerte, un excelente novillo, bien hecho, bravo, que embistió de principio a fin con profundidad y alegría.

El novillero de Cádiz -hace tiempo que no salen diestros de la capital-, alumno de la Escuela Municipal de Jerez, que cuenta 20 años, no llegó a estar en todo momento a la altura de un animal que era para encumbrarse. En constante esfuerzo, el torero realizó una faena larga y desigual, en la que unas veces perdía pasos, otras era sorprendido y en algunas conseguía hilvanar muletazos de buen corte. La labor, correcta, no fue maciza. Mató a la primera, de una estocada certera y ello fue decisivo para que le solicitasen el premio, concedido por partida doble.

Este cuarto novillo, que merecía la vuelta al ruedo, fue el protagonista de la noche en una plaza en la que las rebajas de julio -la faena hubiera estado bien premiada con una oreja, si se supone que el coso sevillano es de primera categoría- empezaron ya en la Feria de Abril, con los mayores. El eral de Salvador Guardiola embistió con pujanza en el capote, lo hizo con clase en la muleta y, con una estocada entera, se resistió a morir con el acero dentro, en una muestra más de su encastado juego.

El resto del espectáculo apenas contó con escasos momentos brillantes. El portugués Gonzalo Montoya, que pertenece a la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, realizó una faena desigual al noblote y muy distraído primero, un negro girón, muy corretón de salida y que se dolió en banderillas. Montoya comenzó con una tanda fuera de cacho, para conseguir luego dos buenas series con la diestra. Por el pitón izquierdo no tomó altura su toreo.

Rafael Castellanos, un alumno de la Escuela de Ciudad Real, nacido en Campo de Criptana, fue quien más arrojo derrochó y quien más estuvo en novillero. Con un animal manso, pendiente siempre de refugiarse en tablas, apostó fuerte y, toreando con la diestra, tras un achuchón, sufrió un volteretón de órdago. El chaval, lejos de venirse abajo, volvió a la cara del novillo, sin chaquetilla, y continuó exponiendo sin cuento, hasta conseguir una buena serie con la izquierda.

Cayetano Ortiz, nacido en Beziers, y alumno de la Escuela Taurina del Campo de Gibraltar, brindó su faena a su profesor, el maestro Francisco Ruiz Miguel, que en todo momento le indicaba al chaval que diera distancia al eral, que resultó muy deslucido para un novel que concretó un trasteo que no pasó de discreto.

Emilio Huertas, de Santa Cruz de Mudela y alumno de la Escuela Taurina Manuel Cascales, estuvo a merced del quinto eral, que fue a su aire. Todavía muy verde, en su labor deslavazada abundaron los enganchones.

Cerró plaza el ecijano Antonio David, alumno de la Escuela de Tauromaquia de su ciudad, que puso más voluntad que acierto con un novillo noble, al que mató de estocada caída. El público, muy cariñoso, solicitó un trofeo que no fue concedido.

La segunda novillada de promoción tuvo dos nombres: el de la divisa de Herederos de Salvador Guardiola, que cumplió con un buen encierro en su conjunto, con varios ejemplares que superaron a los alevines, y el del gaditano Fran Gómez, único espada que hasta el momento ha cortado dos orejas a un eral cuyo juego fue de escándalo.

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