Francisco del Río, identidades que marcan

TUVE la suerte de conocer más a fondo a Paco del Río durante la elaboración del trabajo 'Identidades. La sociedad jerezana vista por los fotógrafos de XIX y mitad del XX' que el pasado otoño comisarié para Cajasol bajo la experta dirección de Paco y de Antonio Cáceres.

A lo largo de más de un año fueron continuos los contactos a través de los que Paco intentaba transmitirme el espíritu de la muestra, entusiasmarme en el proyecto y hacerme sentir satisfecho de los logros que íbamos consiguiendo.

Durante ese tiempo el luchaba con una terrible enfermedad de la que tuvo la segunda recaída. Cada sesión de quimioterapia suponía una dura batalla para su organismo, de la que se reponía sacando fuerzas y empuje de una manera ejemplar, para jamás abandonar su trabajo y sus proyectos.

Francisco del Río era un aquilatado impulsor de la cultura y el arte. En los últimos años realizaba esa labor como responsable de exposiciones para la Obra Social de Cajasol, con un estilo propio y desde la más absoluta profesionalidad.

No son buenos tiempos para la cultura, las restricciones suelen comenzar siempre por ahí. Paco luchaba también contra eso, se resistía a permitir que las carencias en los recursos impidieran buenos proyectos. Como 'In-ter-va-lo', del que hablamos hace poco por la reciente exposición en la Sala de Cajasol de c/ Larga y en el que intentaba conjugar flamenco y arte contemporáneo. Pero no, como él decía, de una manera casposa sino con la elegancia, la seriedad, la coherencia, la innovación que formaban parte del sello personal de Francisco del Río.

Con la exposición 'Identidades' pretendía dar comienzo a otra de sus apuestas, en este caso de indagación en el imaginario fotográfico de la ciudad, para poner en valor todas esas señas que nos definen histórica y gráficamente como sociedad. Una evidencia más en esa marcada característica de potenciar lo local tan presente en la Obra social de Cajasol

Siempre apoyó también a los jóvenes creadores, las apuestas atrevidas, las bocanadas de aire fresco, la innovación, la vanguardia, pese a correr el riesgo de no ser entendidas ni aceptadas por un público mayoritario. Fue valiente, valiente hasta su muerte que supo aceptar desde unos días antes, hasta que el pasado sábado sin estridencias, con resignación, discreción y temple se dejo vencer por ella.

La cultura y el arte pierden a un gran valor, Cajasol a un buen técnico y su familia y amigos a un buen hombre, como de él se dijo en una improvisada e inusual ceremonia previa a su entierro el pasado domingo en Sevilla. Al final se hizo el silencio y tras él una fuerte y unánime ovación. Quizás la suma de ovaciones que en cada proyecto y cada evento organizado por él recibíamos otros.

No solo quedará el recuerdo, también queda para siempre su marca.

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