DENIS RAFTER. DIRECTOR, ACTOR Y DRAMATURGO

"Freud desequilibró la esencia de 'Edipo' con su lectura de la obra"

  • El que fuera comisario del pabellón de Irlanda en la Expo 92 dirige en Itálica a la compañía extremeña Teatro del Noctámbulo en una sugerente versión de 'Edipo Rey'

Denis Rafter (Dublín, 1942). Denis Rafter (Dublín, 1942).

Denis Rafter (Dublín, 1942). / juan carlos vázquez

Denis Rafter nació en Dublín en 1942 y ha dedicado su vida a tender puentes culturales entre su país y España, especialmente desde que se instaló en Madrid en 1973 como consejero delegado de Aer Lingus, las Líneas Aéreas Irlandesas. No es casual que en 1992 se le designara comisario del pabellón de Irlanda en la Exposición Universal de Sevilla, donde presentó lo mejor de la literatura, el cine, la música y las artes visuales de su tierra. Formado como actor en el Abbey Theatre, el Teatro Nacional de Irlanda, y en el Guildhall de Londres (donde se licenció como profesor de drama), ha recibido numerosos premios en su triple condición de intérprete, director y docente. Reconocido maestro de actores, experto en Shakespeare y la literatura irlandesa, regresa ahora a Andalucía con una tragedia griega: hasta mañana dirige en Itálica, dentro del ciclo Teatros Romanos, Edipo Rey de Sófocles.

-¿Qué tiene de especial este Edipo que hace con la compañía extremeña Teatro del Noctámbulo y cuya versión firma Miguel Murillo?

-Nos mantenemos fieles a la tragedia de Sófocles, a la semilla que él plantó hace 2.400 años. Es una obra universal, que toca los sentimientos de las personas de cualquier edad, época y nación. Sófocles nos muestra al héroe griego como una persona buena, dedicada, que por una debilidad humana se arrastra a sí mismo a la ruina. Edipo reconoce su error y se convierte en su propio verdugo. Cumple con la promesa que hizo como rey de Tebas y por ello su grandeza no radica tanto en el éxito como en el fracaso.

-Esa obsesión por preservar la fidelidad al texto sobre el trágico incesto, ¿cómo se concreta en la puesta en escena?

-He planteado una acción pura, minimalista y detectivesca en la que es el público el que se va dando cuenta de quién es el culpable. Hay tres energías que se interrelacionan en esta propuesta: el público del teatro romano, un plantel actoral encabezado por un estupendo José Vicente Moirón como Edipo, y el texto inmortal de Sófocles. Desde la Expo 92 no regresaba a Sevilla como director y me emociona hacerlo con el montaje y la compañía que clausuraron la 60 edición del Festival de Teatro Clásico de Mérida. En cuanto al tema del incesto, creo que la lectura que hizo Freud de Edipo, tan interesante desde el punto de vista psicológico, desequilibra la esencia de la obra, que no se puede reducir al enamoramiento del protagonista con su madre, Yocasta.

-Debutó con Teatro del Noctámbulo en 1993, al dirigir El sueño de una noche de verano en el Festival de Mérida, y desde entonces han puesto en marcha juntos diversas obras de Shakespeare. ¿Qué relación encuentra entre Sófocles y el gran bardo inglés?

-Sófocles y el teatro clásico influyeron muchísimo en Shakespeare. Como autores, Sófocles y Shakespeare comparten tres rasgos de excelencia: la estructura dramática de la obra, la belleza del lenguaje y su profundo entendimiento del ser humano. Mi puesta en escena para este Edipo Rey está muy influida por Hamlet: por su manera de reflexionar, de descubrir poco a poco al culpable, que en su caso era su tío... Shakespeare y Sófocles comparten además algo muy físico en el tratamiento de los ritmos y los espacios. Y a esas influencias les sumo mi cultura irlandesa y nuestra particular manera de contar cuentos, la tradición de los bardos, la poesía lírica de los antiguos celtas. Sabemos cómo contar una historia poniendo énfasis en la energía de la palabra y esa forma de fabular está muy presente en mi tratamiento del coro de Sófocles, que repite lo que los espectadores están pensando, como si formara parte de la mente del público.

-Una de las acciones más célebres de la Expo la protagonizó usted al frente de la delegación irlandesa: lanzó por el puente de Triana un Gulliver gigante que navegó por las aguas del Guadalquivir. Ahora vuelve a este personaje con un monólogo que interpreta para conmemorar el 150 aniversario de Jonathan Swift.

-Sí, lo presentaré a finales de este mes en la Feria de Ciudad Rodrigo. Los Cuentos de Gulliver dejan a todos ensimismados. La dramaturgia es un género muy complejo donde el sentido del espacio y del tiempo resultan esenciales. El cuentacuentos debe hablar con un lenguaje muy directo y los niños deben sentir que el texto les concierne. Hay que ir al grano, como hacía Beckett, que curiosamente escribía en francés y no en su lengua materna.

-¿Qué otros hitos recuerda en el 25 aniversario de la Expo 92?

-El Pabellón de Irlanda arrancó tarde y los principales recintos estaban ocupados por otros países, así que busqué espacios alternativos en la ciudad para propiciar un verdadero intercambio cultural. En los seis meses que duró la Exposición Universal traje a más de 250 artistas irlandeses de todas las disciplinas con un presupuesto muy austero. Además de Gulliver descendiendo por el Guadalquivir, recuerdo ahora los recitales de textos de Joyce y los estrenos de Esperando a Godot y La última cinta de Krapp de Samuel Beckett, producido por el Gate Theatre de Dublín, los conciertos de los Chieftains y Sharon Shannon, así como a María Pagés bailando flamenco en la Maestranza al son de la música de la Orquesta Nacional de Irlanda. Un acto especial para mí fue la visita del poeta Seamus Heaney, que pronunció un discurso en la Universidad de Sevilla, y al que logré reunir una noche con Wole Soyinka, el primer africano en obtener el Nobel de Literatura en 1986. En esa cena Wole le dijo: "Dentro de poco, te tocará a ti". Y efectivamente, en 1995 Heaney logró el Nobel.

-¿Se conoce bien en España la vitalidad de la cultura irlandesa?

-Se conoce sobre todo la música, y también algunas obras de Joyce, Beckett, Synge... Ahora en Madrid volveré a organizar el ciclo Irlanda en escena, un proyecto que lancé hace tres años con el Centro Dramático Nacional (CDN) para difundir el trabajo de las dramaturgas irlandesas, como Marina Carr. Y estoy inmerso en un monólogo sobre los últimos años del dublinés Oscar Wilde que representaré en Buenos Aires y París. Es un drama que escribí en inglés en los 80 y retomo décadas después. La dramaturgia se nutre de ideas, personajes y citas de varias obras suyas, principalmente La balada de la cárcel de Reading pero también El retrato de Dorian Gray, El ruiseñor y la rosa, Salomé y De Profundis. He querido mostrar la humanidad de Oscar Wilde y reflexionar sobre los momentos en los que él piensa en sus errores, sus fracasos y el daño que ha provocado a quienes más lo querían.

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