El Guerrero antes de Guerrero

Diario de las Artes

JOSÉ Guerrero (Granada, 1914 - Barcelona, 1991), tal y como lo conocemos hoy, pasa por ser el gran pintor abstracto español a partir de los años cincuenta. Desde ese momento, con sus desarrollos y desenlaces en torno a la Escuela de Nueva York, con su particularísima lenguaje, con su solvencia creativa, con sus planteamientos expresionistas, con su gestualismo e, incluso, con su descarado poder evocador, el autor granadino asume unas circunstancias únicas supeditadas a la clara formulación de una abstracción personal e intransferible.

Pero el artista, antes de su trascendente realidad pictórica, tuvo sus comienzos en torno a una figuración que mantenía los postulados propios de una pintura que recreaba posiciones pretéritas pero que aventuraba perspectivas más diáfanas que las que se habían gestado en los espacios formativos del pintor Gabriel Morcillo donde comenzara a pintar y donde, al parecer, el maestro lo censuró porque "pintaba a la manera de un pintor mejicano muy malo que se llamaba Diego Rivera".

El Centro José Guerrero, con un magnífico criterio, tiene a bien, incidir en todos los sectores de la amplia producción del artista del que es valedor. Por eso, esta exposición va a ser la iniciadora de una serie de muestras monográficas sobre los distintos momentos creativos del pintor, sobre todo de aquellos que incidan en los periodos menos conocidos o que se alejan estilísticamente de la obra crucial de Guerrero. De este modo, se comienza un recorrido por un Guerrero iniciático - Juan Manuel Bonet, con una acertada definición, habla del "Guerrero antes de Guerrero"-, un autor joven que comienza a plantearse nuevas necesidades artísticas al margen total de los intereses al uso en aquella España esclerotizada por los generalizados impactos de una descarnada postguerra.

En la exposición nos encontramos a un Guerrero esencial, poseído de marcas paisajísticas básicas que, pronto, retomarán caminos mejor argumentados en torno a una vanguardia donde se encuentran, entre otros, efluvios matissianos.

La muestra que se complementa con un importante ciclo de conferencias - Julio Juste, Juan Manuel Bonet, Julián Díaz Sánchez y Juan Antonio Ramírez - surge tras la publicación del Catálogo Razonado que el Guerrero ha publicado y que termina un riguroso trabajo de investigación, donde se da a conocer al completo la figura de José Guerrero, situándonos en el conjunto de una obra que tiene muchos más matices que los estamos acostumbrados en torno a su figura excelsa como pintor abstracto.

Una exposición que culmina con dos pequeñas obras - S/t y Las Lavanderas -, ambas de 1950, que suponen las coordenadas estéticas de una producción donde la figuración va a abandonar su posición representativa para buscar la esencia de una realidad que, desde entonces, va a ser interpretada sólo desde los parámetros de un color con supremo poder y absoluta potestad.

La figura de José Guerrero es, sin lugar a dudas, la base sustentante donde se asientan las experiencias importantes de la modernidad no sólo de Granada, sino de una España que, a partir de él, supo reconquistar unos tiempos que nunca debieron perderse. En noviembre de 1991, llegó a Barcelona procedente de Nueva York, para visitar a su hija Lisa. Allí moriría el día 23. Sus cenizas fueron enterradas bajo un olivo de su Andalucía natal.

GRANADA

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