La otra mirada

Historia de amor en los Claustros

HAY lugares en el mundo que tienen algo especial... una especie de magia... Como si su atmósfera no se componga de los mismos elementos químicos que el resto; como si su aire fuese líquido, denso y estable... con una luz especial.

En muchos de estos lugares es la naturaleza la que casualmente ha diseñado el escenario. En otros es la acertada y creativa mano del hombre la que diseña un marco incomparable. Pero en otros no es nada de eso, es algo absolutamente espiritual lo que lo produce. A la ciudad de Varanasi o a Khatmandú les ocurre. En ellos es el ser humano el protagonista, y más que él lo es un cierto sentimiento que casi todos poseemos y que va grabado en el ADN de nuestras almas.

María Higuero, fotógrafa jerezana, es muy consciente de cuanto he manifestado, o más bien su interés fotográfico por estos temas nace de más adentro, de su subconsciente, de sus vivencias o hasta puede que de su genética.

Algo misterioso y profundo surge de ella para llevarle a documentar fotográficamente lo que ocurre en tres lugares de peregrinación mariana, Fátima, Lourdes y Medjugorje en Bosnia. Y el resultado pueden comprobarlo en los Claustros de Santo Domingo hasta el próximo 5 de enero.

El criterio de selección de las 33 imágenes que componen la muestra obedece exclusivamente al grado de transmisión de emociones que las imágenes suscitan en la autora. Descarta los paradigmas técnicos, extremo en el que estoy totalmente de acuerdo con ella, para que lo imperante sea exclusivamente el discurso, el intentar impregnar al espectador de la carga espiritual de esos lugares sagrados para el cristianismo.

Los planteamientos de la fotógrafa podían haber sido muy diversos, e incluso bastante más efectistas que los elegidos. Sin duda, en estos lugares la línea que separa lo morboso de lo espiritual es muy frágil, la frontera entre el fanatismo y los principios éticos es fácilmente cruzable. Y rebasar los límites del puro espectáculo está al alcance de cualquier fotógrafo. En grandes trabajos fotográficos lo hemos visto, baste citar a Cristina Gª Rodero que, entre otros, ha transitado por esa delgada línea.

El planteamiento de María Higuero y su ejecución me parecen honestos, lógicamente desde su subjetiva mirada, centrando su discurso en la carga de nobles sentimientos humanos que afloran con facilidad en estos lugares. Solidaridad, comunión, entrega... pero sobre todo amor, son el objeto principal de sus imágenes, aunque quizás la foto que he elegido para este artículo no sea de las que mejor lo certifiquen. Ese ha sido el planteamiento de Higuero, captar el río de emociones humanas, sentimientos nobles y amor, que en estos lugares mana de una forma casi mágica, como decíamos al principio.

Para ello, la fotógrafa confiesa no haber estado largas horas esperando a que sucediera lo previsible en el lugar idóneo. Más bien ha ido a la captura de imágenes de manera espontánea. Ante su objetivo fluían situaciones o instantes que, lógicamente, el instinto de fotógrafo debe saber encontrar, diseccionar y captar. De ese instinto fotográfico, María Higuero da fe en este trabajo documental titulado 'Gracia, llena eres de María'.

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